Este artículo forma parte del dosier de expertos « Las fascias ».
Capítulo 4 — Centro de conocimiento Blue Portance¿Qué papel desempeñan las fascias en la dinámica y la protección de los tejidos?
Resumen — Los órganos, los músculos, los nervios y los vasos cambian continuamente de forma y de posición. Las fascias mantienen sus relaciones anatómicas y permiten a la vez una movilidad relativa. Esta combinación de sostén, movilidad relativa y redistribución puede evitar que algunos desplazamientos o tensiones se concentren en una sola interfaz. Junto con los demás tejidos, contribuye así a la protección de las estructuras sensibles.
1. Sostener sin inmovilizar
Una organización viva debe, en efecto, preservar la forma sin fijar las estructuras. Las envolturas y los tabiques delimitan así espacios, mientras que capas más laxas permiten desplazamientos. La estabilidad resulta, por tanto, de un compromiso entre sostén y movilidad, un equilibrio que este capítulo examina sucesivamente a escala del deslizamiento tisular, del acompañamiento de los nervios y los vasos y de la limitación de las fricciones.
Este compromiso se encuentra así a todas las escalas. Concierne a la acepción amplia del sistema fascial adoptada en este dosier, que comprende en particular las fascias propiamente dichas, las aponeurosis, los retináculos, las vainas y algunas envolturas conjuntivas especializadas (Adstrum et al., 2017). Una cápsula articular debe así mantener enfrentadas las superficies óseas tolerando a la vez toda la amplitud del movimiento articular. Del mismo modo, un retináculo debe mantener un tendón contra el hueso sin impedir su deslizamiento longitudinal durante la contracción muscular. En ambos casos, un sostén insuficiente comprometería la estabilidad de la estructura. A la inversa, un sostén excesivo limitaría el movimiento hasta volverlo doloroso o ineficaz. Su comportamiento mecánico solo es funcional, por tanto, en relación con su papel, su localización, la dirección de las cargas y la amplitud de movimiento requerida. No existe así un nivel de rigidez óptimo en términos absolutos.
Las consecuencias de un desequilibrio
Un desequilibrio en un sentido u otro tiene, en efecto, consecuencias distintas. Un tejido que se ha vuelto demasiado laxo respecto a su función de sostén —por ejemplo, tras estiramientos excesivos repetidos— puede permitir desplazamientos excesivos entre dos estructuras normalmente bien unidas. El riesgo de inestabilidad local aumenta entonces.
Rigidez y pérdida de movilidad relativa
A la inversa, una pérdida de movilidad relativa, por ejemplo cuando un tejido se vuelve demasiado rígido o demasiado adherente, puede modificar la cinemática local y redistribuir las deformaciones hacia otras interfaces. La magnitud y el alcance de esta redistribución dependen, sin embargo, de la organización anatómica y de las cargas aplicadas, y no son ni sistemáticos ni idénticos en todas las situaciones. Este segundo caso se retomará en el capítulo 9, dedicado a la fibrosis y a la pérdida de deslizamiento tisular. Entre estos dos extremos, la mayoría de los tejidos funcionan en un rango relativamente amplio de resistencia aceptable. Esto explica por qué una variabilidad individual considerable puede acompañar a una función normal.
2. Permitir los deslizamientos internos
Bajo la piel, entre los músculos o alrededor de un órgano, unas capas se desplazan así respecto a otras (Stecco, 2015). El deslizamiento resulta así de la deformación coordinada de las fibras, la sustancia fundamental y los fluidos.
Observaciones endoscópicas directas del tejido conjuntivo laxo han descrito así este mecanismo. Realizadas durante intervenciones quirúrgicas en los tejidos de deslizamiento de la mano, muestran que entre dos planos fasciales una red fibrilar tridimensional delimita espacios de geometría variable. Estos espacios están llenos de sustancia fundamental hidratada. Durante el movimiento, las fibras y los volúmenes que delimitan cambian continuamente de forma y de disposición. Este mecanismo permite un desplazamiento relativo manteniendo la continuidad del tejido, en lugar del deslizamiento de dos superficies lisas una sobre otra (Guimberteau et al., 2010). Esta reorganización permanente de la red, más que la existencia de una simple película lubricante entre dos capas, contribuiría a explicar la amplitud de deslizamiento observada entre algunos planos tisulares. Como estas observaciones se realizaron principalmente en los tejidos de deslizamiento de la mano, su generalización al conjunto de las interfaces fasciales del cuerpo debe establecerse todavía con prudencia.
Cuando se pierde el deslizamiento
Una pérdida de deslizamiento aumenta el acoplamiento entre estructuras: el movimiento de una impone más deformación a la otra. Dos tejidos que normalmente se mueven de forma independiente se comportan entonces como si estuvieran parcialmente unidos. El desplazamiento de uno arrastra entonces mecánicamente al otro, lo que puede modificar la distribución de las tensiones mucho más allá de la zona afectada inicialmente. Este mayor acoplamiento puede modificar así la transmisión mecánica más allá de la interfaz inicialmente afectada, en mayor medida que una lesión local aislada. Por sí solo, no permite predecir, sin embargo, la magnitud ni las consecuencias funcionales de esta modificación en estructuras más alejadas.
3. Acompañar a los nervios y los vasos
Un nervio debe así poder deslizarse, cambiar ligeramente de longitud y adaptarse a los movimientos a lo largo de su trayecto. Los vasos, por su parte, deben preservar su luz pese a los cambios de forma de su entorno. El entorno conjuntivo organiza estos pasos y limita las tensiones focales.
El trayecto del nervio mediano en la muñeca ilustra bien esta exigencia. Durante la flexión y la extensión de la muñeca, el nervio se desliza varios milímetros dentro del túnel carpiano para acompañar el movimiento de los tendones flexores vecinos. Se ha medido así por ecografía una excursión total de unos 5,6 mm entre la extensión y la flexión de la muñeca (Wang et al., 2014). Sin este deslizamiento, el nervio estaría sometido, en efecto, a un estiramiento o una compresión repetidos.
Esta excursión depende de las propiedades mecánicas del nervio y de sus envolturas. Depende también de su movilidad relativa respecto a los tendones y a los tejidos conjuntivos circundantes. La presión en el interior del canal y la posición de las articulaciones proximales también intervienen (Topp & Boyd, 2006). El mismo principio se aplica, a otras escalas y con otros determinantes, a la mayoría de los trayectos nerviosos periféricos. Su entorno conjuntivo debe así a la vez mantenerlos en su sitio y permitirles este deslizamiento longitudinal relativo. Debe tolerar también cierto grado de estiramiento, deformación transversal y compresión durante los movimientos normales.
La adaptación de los vasos al movimiento
Los vasos plantean una exigencia complementaria: adaptarse a los cambios de longitud, curvatura y posición inducidos por el movimiento manteniendo una perfusión compatible con las necesidades del tejido. Una arteria que atraviesa la cara posterior de la rodilla, por ejemplo, cambia realmente de geometría entre la extensión y la flexión. Esta adaptación no es, sin embargo, ilimitada. En una flexión muy marcada pueden aparecer, en efecto, deformaciones, curvaturas y a veces verdaderos acodamientos (« kinks ») en el trayecto del segmento femoropoplíteo. Estas deformaciones se acompañan entonces de una modificación local de las condiciones de flujo (Nagita et al., 2024).
Una carga compresiva prolongada en posición sentada
El entorno conjuntivo que rodea el vaso contribuiría a repartir estos cambios de forma, sin que una referencia biomecánica directa haya documentado todavía con precisión este mecanismo de protección para la arteria poplítea. En una región sometida a una presión mantenida —como la región isquiática en posición sentada—, la perfusión y la tolerancia nerviosa dependen de varios factores. Entre ellos figuran en particular la intensidad y la duración de la compresión, el reparto de los apoyos y las posibilidades de descarga. La movilidad relativa de los tejidos puede contribuir a esta adaptación, sin ser su único determinante.
Esta protección tiene, sin embargo, límites. Un canal fibroso estrecho o una presión mantenida pueden contribuir, por el contrario, a una compresión. Es el caso, en particular, cuando el trayecto nervioso atraviesa una región en la que el espacio disponible ya está reducido por la anatomía circundante.
4. Limitar las fricciones y los cizallamientos
Las interfaces reparten los desplazamientos entre varios planos en lugar de concentrarlos en una sola frontera. El agua y el ácido hialurónico contribuyen en particular a la movilidad de algunas capas. Su contenido, cuantificado en distintas fascias humanas, varía según la localización y la función de deslizamiento propia de cada región anatómica (Fede et al., 2018). Cuando esta movilidad disminuye, la resistencia al deslizamiento y las deformaciones de cizallamientoCizallamientoEl cizallamiento corresponde a solicitaciones mecánicas tangenciales, es decir, paralelas a una superficie, que generan tensiones (fuerza por unidad de superficie) y deformaciones en el interior de los tejidos. En los tejidos de apoyo, su asociación con la compresión puede acentuar las deformaciones internas, comprometer la microcirculación y favorecer la isquemia.Leer la ficha completa : Cizallamiento pueden aumentar localmente. Son nociones que deben distinguirse entre sí, así como de la deformación interna del propio tejido.
Repartir el movimiento entre varias interfaces
Cuando varias interfaces móviles participan realmente en el desplazamiento, cada una puede asumir una parte de la deformación total: un movimiento global se traduce entonces en una pequeña cantidad de deslizamiento en cada interfaz. Si una interfaz pierde su movilidad, el reparto del movimiento puede modificarse y concentrarse más en los demás planos. Esto puede desplazar entonces la carga hacia una zona que no está preparada para ella. Esta lógica de reparto entre varias interfaces sucesivas supone que estas participan realmente en el movimiento. Es una de las razones por las que la movilidad de varias capas superpuestas —piel, fascia superficial, aponeurosis, músculo— puede contribuir más a la protección tisular que la flexibilidad de una sola capa aislada.
Los tendones flexores de los dedos ilustran este principio de forma especialmente clara, combinando dos sistemas distintos. La vaina sinovial asegura un deslizamiento con un coeficiente de fricción muy bajo, comparable al del cartílago articular. Este deslizamiento se basa en lubricantes ligados a la superficie del tendón: ácido hialurónico, fosfolípidos y un proteoglicano lubricante, la lubricina (Sun et al., 2013). Las poleas fibrosas, por su parte, mantienen el tendón contra el hueso e impiden que « se tense como la cuerda de un arco » durante la flexión. Algunas de ellas, en particular las poleas A2 y A4, desempeñan en esta función un papel biomecánico más determinante que las demás.
Dos sistemas combinados, un equilibrio frágil
Este dispositivo combina así, en un espacio muy reducido, las tres funciones descritas en este artículo: mantenimiento de las relaciones anatómicas, deslizamiento de baja resistencia y reparto de las tensiones entre varias poleas en lugar de un solo punto. Una vaina dañada o una polea rota o insuficiente alteran, sin embargo, este equilibrio. El tendón puede desplazarse entonces de forma anómala durante la flexión, redistribuyendo la carga de manera menos favorable a lo largo del resto de su trayecto.
5. La protección es una propiedad dinámica
Un tejido no está protegido porque no se mueva, sino porque los movimientos y las cargas siguen siendo compatibles con sus capacidades. La protección depende así de la variabilidad, de la recuperación y de la coordinación entre estructuras.
Esta idea se opone a una concepción intuitiva pero engañosa, según la cual la inmovilidad sería protectora por defecto y en todas las circunstancias. A largo plazo, la protección tisular no se basa en general en una inmovilidad prolongada, sino en movimientos y cargas compatibles con las capacidades del tejido. Un tejido mantenido mucho tiempo en la misma posición pierde, en efecto, las microvariaciones de carga y de deslizamiento que normalmente le permiten repartir las tensiones en varias zonas a lo largo del tiempo. Una inmovilización temporal puede, no obstante, ser necesaria en algunas situaciones —por ejemplo, en ciertas fases de cicatrización—, pero responde entonces a otra lógica, distinta de la protección dinámica descrita aquí.
Renovar los apoyos para renovar las tensiones
Las variaciones de posición o de apoyo pueden renovar el reparto de las solicitaciones si modifican realmente la carga que soporta la zona afectada. Su efecto depende, por tanto, de su dirección, su amplitud, su frecuencia y los apoyos disponibles. Una amplitud pequeña no garantiza, por sí sola, que una zona quede realmente descargada. La noción de micromovimiento se desarrollará en el capítulo siguiente.
En la práctica, esta lectura dinámica de la protección tisular tiene una implicación directa para la posición sentada: lo que está en juego no es solo elegir un asiento « lo más blando posible ». La flexibilidad no garantiza la descarga, y la rigidez no significa automáticamente concentración de las presiones. En realidad, la geometría, el hundimiento, la estabilidad, la superficie de apoyo y la movilidad interactúan para determinar si los tejidos pueden seguir realizando sus ajustes internos —deslizamiento, redistribución, microvariaciones— en lugar de quedar fijados en una configuración única y prolongada. Esto supone, no obstante, que estos ajustes sigan siendo posibles sin imponer una inestabilidad permanente. Es una lectura de la fascia como órgano dinámico de protección que sintetiza también Lesondak (Lesondak, 2019).
Para recordar
- Las fascias mantienen las relaciones anatómicas sin necesidad de rigidificarlas.
- El deslizamiento reparte los desplazamientos entre varias interfaces.
- El entorno conjuntivo acompaña a los nervios y los vasos.
- La protección tisular es dinámica y colectiva.
Preguntas frecuentes
¿Protege una fascia a un nervio?
¿Es siempre visible una adherencia?
¿Exige la estabilidad rigidez?
¿Protege siempre el movimiento a los tejidos?
Referencias científicas
Referencias citadas (1/2)
- Adstrum S, Hedley G, Schleip R, Stecco C, Yucesoy CA. Defining the fascial system. J Bodyw Mov Ther. 2017;21(1):173–177.
- Fede C, Angelini A, Stern R, Macchi V, Porzionato A, Ruggieri P, De Caro R, Stecco C. Quantification of hyaluronan in human fasciae: variations with function and anatomical site. J Anat. 2018;233(4):552–556.
- Guimberteau JC, Delage JP, McGrouther DA, Wong JKF. The microvacuolar system: how connective tissue sliding works. J Hand Surg Eur Vol. 2010;35(8):614–622.
- Nagita H, Wang C, Saigusa H, Hoshina K, Suhara M, Oshima M. Deformed popliteal artery due to highly flexed knee position can cause kinks, creating an unfavorable hemodynamic state. Circ J. 2024;88(3):351–358.
- Stecco C. Functional Atlas of the Human Fascial System. Elsevier; 2015.
Referencias citadas (2/2)
- Sun YL, Zhao C, Jay GD, Schmid TM, An KN, Amadio PC. Effects of stress deprivation on lubricin synthesis and gliding of flexor tendons in a canine model in vivo. J Bone Joint Surg Am. 2013;95(3):e13.
- Topp KS, Boyd BS. Structure and biomechanics of peripheral nerves: nerve responses to physical stresses and implications for physical therapist practice. Phys Ther. 2006;86(1):92–109.
- Wang Y, Zhao C, Passe SM, Filius A, Thoreson AR, An KN, Amadio PC. Transverse ultrasound assessment of median nerve deformation and displacement in the human carpal tunnel during wrist movements. Ultrasound Med Biol. 2014;40(1):53–61.
- Lesondak D. Le Fascia. Éditions Ressources Primordiales; 2019.
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Nota: este contenido explica mecanismos generales. No constituye ni un diagnóstico médico ni una recomendación terapéutica.
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