¿Por qué un dolor de rodilla puede venir de la pelvis y cómo interpreta su cerebro —a veces mal— estas señales?

Dinámicas del cuerpo y adaptabilidad
Los dosieres de Blue Portance
Comprender las fascias y la tensegridad: el sistema invisible de regulación de las tensiones… y del dolor

¿Le duele en posición sentada pese a unas pruebas normales? Comprenda el papel de las fascias, de la tensegridad y de los micromovimientos en el origen de este dolor.

Por Gil Ayache — cofundador de Blue Portance

Fascias y dolor: comprender la tensegridad y la regulación de las tensiones

Nota epistémica — Este artículo presenta mecanismos fisiopatológicos procedentes de la literatura científica en biomecánica y neurociencias. No constituye un consejo médico, no establece ningún diagnóstico ni formula ninguna indicación terapéutica. Los mecanismos descritos se presentan con fines de comprensión; su aplicación clínica corresponde al criterio de profesionales sanitarios cualificados.

Resumen — Las fascias no son simples tejidos de envoltura. Forman una red viva, capaz de repartir las tensiones mecánicas, permitir el deslizamiento de los tejidos y dialogar de forma permanente con el sistema nervioso. Cuando este sistema pierde su capacidad de adaptación —sobre todo en la posición sentada prolongada—, las tensiones se concentran, el deslizamiento disminuye y puede aparecer dolor, incluso sin una lesión visible en las pruebas de imagen. Este artículo explica los mecanismos de las fascias, las causas de su disfunción y por qué restablecer los micromovimientos es esencial para recuperar un equilibrio duradero.

La fascia como interfaz neurosensorial y armazón de equilibrio de las tensiones: a la izquierda, las 6 funciones sensoriales (propiocepción, tono muscular, percepción de las tensiones y del dolor, regulación inflamatoria, adaptación y protección); en el centro, el cuerpo en corte anatómico con la red fascial; a la derecha, las 4 funciones mecánicas (circulación de las tensiones, redistribución de las cargas, organización de las compensaciones, deslizamientos tisulares). El panel inferior contrapone la inmovilidad prolongada (rigidificación, tensiones fijas, menor deslizamiento) al movimiento dentro de la estabilidad (variabilidad de carga, movilidad fascial, adaptación dinámica). Fuentes: Stecco 2015, Langevin 2021, Schleip 2012. © Blue Portance 2026
Figura 1 — La fascia: interfaz sensorial y armazón adaptativo del cuerpo La fascia cumple dos funciones simultáneas e indisociables: interfaz neurosensorial difusa (izquierda), que regula la propiocepción, el tono muscular y la percepción del dolor, y armazón de equilibrio de las tensiones mecánicas (derecha), que asegura la distribución de las fuerzas en todo el cuerpo. La inmovilidad prolongada degrada progresivamente ambas funciones; el movimiento dentro de la estabilidad las preserva. © Blue Portance 2026

1. Las fascias: la red invisible que conecta todo su cuerpo

Para comprender cómo regulan las fasciasFasciasLas fascias son estructuras de tejido conjuntivo que envuelven, unen o separan determinadas partes del cuerpo. El «sistema fascial» designa un conjunto más amplio de tejidos conjuntivos considerados en su continuidad funcional.Leer la ficha completa : Fascias las tensiones en el cuerpo e interactúan con el sistema neurosensorial, hay que observar su estructura: ¿cómo se organizan y de qué están compuestas?

1.1. Una estructura continua e imbricada que recorre todo el cuerpo

Las fascias son tejidos conjuntivos que forman una red continua en el interior del cuerpo. A diferencia de una visión segmentada de la anatomía, en la que cada estructura sería independiente, las fascias constituyen un continuo anatómico que conecta todos los elementos:

  • Los músculos (y sus envolturas)
  • Los huesos y las articulaciones
  • Los órganos (corazón, pulmones, intestinos, etc.)
  • Los nervios y los vasos sanguíneos

No se limitan a una envoltura externa. Se encuentran en todos los niveles: en la superficie (justo debajo de la piel), entre los músculos, alrededor de los órganos y hasta en las estructuras más profundas. Esta organización implica que ninguna parte del cuerpo está realmente aislada.

Las fascias se organizan en capas sucesivas conectadas entre sí, que forman una arquitectura a la vez continua (sin interrupción) y jerarquizada (de la superficie a la profundidad).

Las fascias se organizan en 4 niveles imbricados: alrededor de los huesos (periostio y fascia profunda), alrededor de los tendones (fascias tendinosas y de unión), alrededor de los músculos (epimisio, perimisio, endomisio) y hasta las fibras musculares (retículo endomisial). Cada capa asegura la continuidad estructural y la transmisión de las fuerzas, de lo macroscópico a lo microscópico.
Figura 2 — Organización de las fascias: un continuo en muñecas rusas De lo macroscópico a lo microscópico, las fascias forman un continuo en 4 niveles imbricados —de los huesos a las fibras musculares— que asegura la unidad estructural y la transmisión de las fuerzas en todo el cuerpo. © Blue Portance 2026

1.2 Las grandes categorías de fascias

Antes de entrar en la composición interna de la fascia, conviene distinguir sus grandes categorías anatómicas, que difieren por su localización, su grosor y sus funciones principales:

Categoría Localización Funciones principales
Fascia superficial Bajo la piel, por encima de los músculos Aislamiento térmico, reserva adiposa, deslizamiento cutáneo, drenaje linfático
Fascia profunda (epimisio, aponeurosis) Envolturas musculares, tabiques intermusculares Transmisión de las fuerzas, reparto de las tensiones, propiocepciónPropiocepciónLa propiocepción es la capacidad del cuerpo para percibir la posición, el movimiento y el esfuerzo de sus distintas partes, sin necesidad de mirarlas.Leer la ficha completa : Propiocepción
Fascia visceral (mesenterios, peritoneo, pericardio…) Alrededor y entre los órganos internos Sostén y movilidad de los órganos, protección vascular y nerviosa
Fascia meníngea (duramadre, piamadre…) Sistema nervioso central y periférico Protección mecánica, circulación del líquido cefalorraquídeo, continuidad con la fascia profunda

Según Stecco, C. (2015). Functional Atlas of the Human Fascial System. Elsevier.

1.3 Los componentes fundamentales de la fascia: una mecánica interna en tres niveles

Para comprender cómo regulan las fascias las tensiones en el cuerpo —y por qué su disfunción puede provocar dolor o rigidez—, primero hay que observar su composición interna. Esta se basa en tres componentes clave que interactúan de forma permanente para asegurar flexibilidad, resistencia y adaptabilidadAdaptabilidadConcepto integrador de Blue Portance que designa la capacidad del cuerpo para ajustar su organización postural y sus respuestas tisulares frente a las tensiones, preservando el equilibrio, la movilidad y el reparto de las cargas.Leer la ficha completa : Adaptabilidad:

A. La matriz extracelular — el «gel lubricante» que permite el deslizamiento

La matriz extracelularMatriz extracelularLa matriz extracelular es la red que rodea las células de un tejido. En las fascias, combina fibras, sobre todo de colágeno, con una sustancia fundamental muy hidratada, y da al tejido sus propiedades mecánicas.Leer la ficha completa : Matriz extracelular es el medio en el que están inmersas las fibras y las células. Compuesta principalmente de agua (hasta un 60-70 %), ácido hialurónico y proteoglicanos, forma una sustancia viscoelástica, a la vez fluida y resistente.

Su papel es crucial:

  • Lubrica las capas fasciales y permite un deslizamiento óptimo entre músculos, órganos y otras estructuras.
  • Amortigua los impactos gracias a su viscosidad, como un gel protector que absorbe la presión.
  • Nutre las células al facilitar el intercambio de nutrientes y de desechos.
👉 Metáfora:

Imagine dos placas de vidrio entre las que se deposita una fina capa de aceite. Mientras el aceite está presente, las placas se deslizan una sobre otra sin resistencia. Si el aceite se seca o se degrada, las placas se adhieren y aparecen los rozamientos. Es comparable a lo que ocurre en las fascias: una matriz extracelular bien hidratada favorece un deslizamiento fluido, mientras que la deshidratación contribuye a la aparición de rigidez y molestias.

B. Las fibras — «la armadura inteligente» que se adapta a las tensiones

Las fibras, compuestas principalmente de colágeno (para la resistencia) y de elastina (para la flexibilidad), forman la armadura de la fascia. Su disposición no es aleatoria:

Se organizan según un modelo dinámico:

  • En función de las tensiones mecánicas: las fibras se reorientan y se densifican allí donde las tensiones son más fuertes (por ejemplo, en deportistas o trabajadores manuales).
  • Con una memoria de las solicitaciones: una postura mantenida mucho tiempo (como la posición sentada) puede modificar de forma duradera su organización, lo que explica algunas rigideces crónicas.
👉 Comparación:

Piense en una red de pesca: sus mallas se estrechan allí donde la presión es más fuerte (como las fibras de colágeno bajo una tensión repetida), y recuperan su forma una vez que la tensión se relaja (gracias a la elastina). Esta adaptabilidad explica por qué las fascias pueden a la vez resistir fuerzas importantes y recuperar su flexibilidad.

C. Las células — los «sensores y reguladores» del sistema

Las fascias no son un tejido inerte: albergan células activas, dos de cuyos tipos desempeñan un papel clave:

  • Los fibroblastos: producen y remodelan las fibras de colágeno y la matriz extracelular en función de las tensiones mecánicas. Sin ellos, la fascia perdería su capacidad de adaptación.
  • Los mecanorreceptoresMecanorreceptoresLos mecanorreceptores son receptores sensoriales especializados que detectan los estímulos mecánicos (tacto, presión, vibración, estiramiento) y los convierten en señales nerviosas. Este proceso se denomina mecanorrecepción.Leer la ficha completa : Mecanorreceptores (como los corpúsculos de Ruffini o de Pacini): detectan las tensiones, los estiramientos y las presiones y envían esta información al sistema nervioso para ajustar la postura o desencadenar un dolor en caso de sobrecarga.
👉 Analogías:

Los fibroblastos actúan como obreros de la construcción: reparan y refuerzan la estructura fascial según las necesidades.
Los mecanorreceptores, por su parte, son sensores de alarma: señalan al cerebro cualquier tensión anormal, como un sistema de seguridad que dispara una alerta en caso de peligro.

Los 4 componentes estructurales interdependientes de las fascias: red fibrilar de colágeno y elastina (armazón de sostén), matriz hidratada rica en ácido hialurónico (lubricación e intercambios), células residentes, entre ellas los fibroblastos (producción y remodelación de la matriz), circulación vascular y linfática (nutrición, eliminación de desechos y defensa inmunitaria).
Figura 3 — Los 4 componentes estructurales de las fascias: un ecosistema dinámico Las fascias constituyen un ecosistema vivo de 4 componentes interdependientes: red fibrilar, matriz hidratada, células residentes y circulación vascular, influidos y reorganizados de forma permanente por las tensiones mecánicas. © Blue Portance 2026

D. Una organización viva capaz de adaptarse

La fascia no es, por tanto, un simple «envoltorio» pasivo, sino un sistema vivo y reactivo: la matriz extracelular asegura el deslizamiento y la amortiguación, las fibras aportan una estructura resistente y adaptable, y las células (fibroblastos y mecanorreceptores) regulan e informan de forma permanente al sistema nervioso. Esta interacción permanente explica por qué las fascias desempeñan un papel central en la movilidad, la estabilidad… e incluso la percepción del dolor.

Sin embargo, conocer la composición de la fascia no basta. Para comprender cómo esta red dirige la organización del cuerpo, hay que examinar los dos principios que rigen su funcionamiento: la tensegridad y el diálogo neurosensorial.

2. Las fascias: la arquitectura dinámica del cuerpo humano

Ahora sabemos que las fascias forman una red continua que conecta cada parte de nuestro cuerpo. Sin embargo, esta organización anatómica es solo una base: es al observar las funciones de esta red cuando se comprende plenamente su papel en la organización del cuerpo.

Imagine un tejido capaz de:

  • Redistribuir instantáneamente las tensiones mecánicas para proteger sus articulaciones, como una red de seguridad invisible que absorbe y reparte cada impacto.
  • Cumplir su papel de sistema sensorial distribuido, en conexión permanente con nuestro cerebro, al que envía millones de señales sobre su postura, sus movimientos e incluso las más pequeñas tensiones de su cuerpo.
  • Adaptarse de forma permanente, como un sistema inteligente que regula las tensiones para mantener su equilibrio, tanto si está sentado como de pie o en movimiento.
La red fascial de cuerpo entero (vistas anterior y posterior): continuidad miofascial entre extremidades y tronco, transmisión cruzada de las tensiones, cadenas funcionales oblicuas y verticales. Ejemplos de propagación: apoyo unilateral transmitido al lado opuesto, tensión lumbar que asciende hasta el hombro, presión plantar que activa la cadena posterior.
Figura 4 — La red fascial: sistema de transmisión de las tensiones mecánicas La red fascial conecta todo el cuerpo mediante cadenas miofasciales continuas: una tensión local se propaga y puede producir efectos dolorosos a distancia de la zona inicialmente solicitada. © Blue Portance 2026

Estas capacidades se basan en dos propiedades fundamentales que hacen de las fascias mucho más que un simple tejido de sostén:

⚖️

A. La tensegridad

Un principio de equilibrio dinámico en el que la tracción y la compresión se compensan para mantener una estabilidad sin rigidez.

🧠

B. El sistema neurosensorial

Una red de sensores que transmite de forma permanente información al cerebro e influye en su propiocepción y en su percepción del dolor.

En conjunto, estos mecanismos hacen de las fascias el sistema invisible de regulación de su cuerpo: un sistema tan poderoso que, cuando falla, puede estar en el origen de dolores crónicos inexplicados.

Empecemos por explorar el primer pilar: la tensegridad, el principio que permite a su cuerpo seguir siendo estable y móvil, sin necesitar rigidez.

2.1. La tensegridad: el principio del equilibrio sin rigidez

A. Definición y orígenes del concepto

La tensegridad (contracción de tensión e integridad) es un principio arquitectónico en el que elementos en tracción (como las fascias) se equilibran con elementos en compresión (como los huesos). Este mecanismo, descrito por Buckminster Fuller y trasladado a la biología por Ingber (1998), explica cómo su cuerpo conserva su estabilidad sin una rigidez excesiva.

Infografía en 4 etapas sobre la propagación de las tensiones posturales: postura restringida en la posición sentada prolongada; presión local sobre el coxis y los isquiones; propagación fascial en las cadenas miofasciales a través de las fibras de colágeno, la matriz extracelular y los fibroblastos; efecto global con desequilibrios, dolor, fatiga y rigidez.
Figura 5 — De la posición sentada a las fascias: propagación de las tensiones en 4 etapas Una tensión postural local —compresión sobre el coxis o los isquiones— se propaga en las cadenas miofasciales y puede generar dolor o rigidez a distancia de la zona inicial. © Blue Portance 2026
👉 En concreto:

Si siente dolor en el coxis, la pelvis o la espalda en posición sentada, la tensión quizá no proceda solo de esa zona, sino de la manera en que su cuerpo reparte —o ha dejado de repartir— esas tensiones.

B. Los tres efectos de la tensegridad en el cuerpo

En las fascias, la tensegridad permite:

  • Un reparto homogéneo de las tensiones: las tensiones se distribuyen por toda la red fascial y evitan las sobrecargas locales. Ejemplo: cuando lleva una bolsa pesada, las fascias del hombro reparten la carga hacia la pelvis y las piernas.
  • Una estabilidad pasiva: a diferencia de los músculos (que se fatigan), las fascias mantienen el equilibrio de forma económica. Por eso puede permanecer de pie sin esfuerzo consciente.
  • Una adaptabilidad inmediata: el sistema ajusta de forma permanente las tensiones según los movimientos o las posturas. Ejemplo: cuando se inclina hacia delante, las fascias de la espalda se tensan para compensar, mientras que las anteriores se relajan.

👉 Metáfora: Imagine una tienda de campaña en la que los mástiles (huesos) resisten la compresión, mientras que los cables (fascias) mantienen la tensión. Si un cable se tensa o se afloja, toda la estructura se ajusta automáticamente para conservar su equilibrio. En su cuerpo, este mecanismo permite repartir las fuerzas sin sobrecargar una zona concreta.

Tensegridad corporal: los elementos en compresión (huesos, puntos de apoyo rígidos) y los elementos en tracción (fascias, músculos, tendones, ligamentos) se equilibran dinámicamente. Detalle articular con las fuerzas de compresión, detalle fascial con el ajuste permanente de los elementos en tracción, modelo geométrico de redistribución de las cargas en toda la red ante una perturbación local.
Figura 6 — Tensegridad: el cuerpo como arquitectura inteligente El cuerpo no soporta las cargas: las distribuye gracias a un equilibrio dinámico entre elementos en compresión (huesos) y elementos en tracción (fascias, músculos, tendones). Una perturbación local se propaga y se redistribuye por toda la red. © Blue Portance 2026

C. Aplicación a varias escalas e implicaciones clínicas

Esta organización se aplica a distintas escalas de lo vivo, desde la célula hasta las estructuras macroscópicas (Ingber, 1998). Implica que una tensión localizada (por ejemplo, en la pelvis) puede tener repercusiones a distancia (dolor lumbar o cervical) y modificar el equilibrio global. Este principio ha inspirado varios modelos actuales de análisis del movimiento y de las interacciones mecánicas entre estructuras corporales (Myers, 2014).

Esquema en 4 etapas que ilustra la tensegridad mediante un puente colgante: estructura estable con equilibrio entre compresión y tracción; equilibrio global con tensiones repartidas armoniosamente; perturbación local que desequilibra la estructura; propagación global de la tensión por toda la red. Leyenda: huesos en compresión, fascias en tracción, articulaciones como puntos de anclaje.
Figura 7 — El cuerpo en tensegridad: propagación global de una perturbación local Como en un puente colgante, una perturbación local de la tensegridad corporal redistribuye las tensiones por toda la red, lo que explica por qué un dolor localizado puede tener su origen a distancia. © Blue Portance 2026

Un dolor localizado puede tener a menudo su origen en un desequilibrio de la tensegridad situado a distancia.

2.2. La red neurosensorial: cuando las fascias «hablan» con el cerebro

Pensar en las fascias como un simple sistema mecánico es como estudiar una red eléctrica sin tener en cuenta la corriente que circula por ella. Su papel va más allá de la biomecánica: constituyen un sistema neurosensorial distribuido gracias a su extraordinaria densidad de mecanorreceptores. Estos sensores, estudiados por Schleip (2003), convierten las fascias en un sistema de comunicación permanente con el cerebro que influye en la propiocepción y en la percepción del dolor.

En efecto, las fascias no se limitan a transmitir fuerzas: también transmiten información. El tejido conjuntivo constituye así una red de señalización distribuida en la que la percepción y la regulación no están centralizadas, sino que surgen de un diálogo permanente entre los tejidos y el sistema nervioso.

A. Comprender el diálogo permanente entre los tejidos y el cerebro

Los trabajos de Langevin propusieron en particular considerar el tejido conjuntivo como una red de señalización a escala de todo el cuerpo, capaz de transmitir información mecánica que influye en el comportamiento de las células y de los nervios (Langevin, 2006). En este contexto, cada variación de tensión, cada micromovimiento, cada cambio de presión se detecta y se transmite de inmediato.

Por tanto, el cerebro no recibe una señal aislada, sino un flujo continuo de información procedente de toda la red fascial. Interpreta esta información para ajustar la postura, el tono muscular y la coordinación de los movimientos. Este diálogo permanente es la base de la adaptación del cuerpo.

B. Los mecanorreceptores: sensores ultrasensibles

Tres tipos de receptores desempeñan un papel clave:

  • Corpúsculos de Ruffini: sensibles a los estiramientos lentos y a los cambios de tensión. Desempeñan un papel clave en la propiocepción (percepción del cuerpo en el espacio).
  • Corpúsculos de Pacini: reactivos a las vibraciones y a las presiones rápidas. Ayudan a ajustar los movimientos en tiempo real.
  • Terminaciones nerviosas libres: detectan las tensiones excesivas y pueden desencadenar señales de dolor.

Estos receptores envían de forma permanente información al cerebro sobre:

  • El estado de las tensiones en los tejidos.
  • Los movimientos del cuerpo.
  • Los cambios de presión.

👉 Ejemplo: Cuando cierra los ojos y se toca la nariz, los mecanorreceptores de las fascias informan a su cerebro de la posición exacta de su brazo, de su hombro y de su cuello. Es lo que permite un movimiento preciso, incluso sin control visual.

C. Propiocepción y dolor: dos caras de una misma moneda

La red neurosensorial de las fascias influye en dos aspectos importantes:

  • La propiocepción: la capacidad de percibir la posición y los movimientos del propio cuerpo. Ejemplo: saber dónde está su mano sin mirarla.
  • La nocicepciónNocicepciónLa nocicepción es el proceso mediante el cual el sistema nervioso detecta y codifica los estímulos potencialmente nocivos para los tejidos. No se confunde con el dolor, que es una experiencia.Leer la ficha completa : Nocicepción: la detección de los estímulos dolorosos. Ejemplo: sentir una tensión en la espalda antes de que se vuelva dolorosa.

Cuando este sistema falla (por ejemplo, en caso de inflamación o de rigidez), pueden aparecer dos fenómenos:

  • AlodiniaAlodiniaLa alodinia es un dolor provocado por un estímulo que normalmente no es doloroso: un roce, el contacto de la ropa, una presión ligera. Es un término clínico descriptivo: describe lo que la persona siente, sin designar por sí solo un mecanismo.Leer la ficha completa : Alodinia: un estímulo normalmente indoloro (como un roce ligero) se percibe como doloroso.
  • HiperalgesiaHiperalgesiaLa hiperalgesia es una respuesta dolorosa aumentada ante un estímulo normalmente doloroso. Dicho de otro modo, un estímulo ya doloroso provoca un dolor anormalmente amplificado. Es un término clínico descriptivo, que no designa por sí solo un mecanismo.Leer la ficha completa : Hiperalgesia: un dolor se amplifica en relación con el estímulo real.

👉 Caso clínico: En la lumbalgiaLumbalgiaLa lumbalgia es un dolor de la parte baja de la espalda, situado entre la charnela toracolumbar y el pliegue glúteo. En la gran mayoría de los casos se denomina común: es de origen mecánico y no se debe a una enfermedad grave.Leer la ficha completa : Lumbalgia crónica, los mecanorreceptores de las fascias lumbares se vuelven hipersensibles. El cerebro interpreta entonces tensiones normales como señales de dolor, incluso en ausencia de lesión. Eso explica por qué algunos dolores persisten aunque las pruebas (resonancia magnética, radiografías) no muestren nada anormal.

La fascia no es solo un sistema de transmisión de las tensiones: es una interfaz activa entre la mecánica y la percepción.

3. Las fascias como órgano de regulación y de armonización de las tensiones

3.1. Redistribución automática de las fuerzas

A. Por qué las tensiones nunca permanecen locales

Comprender la relación entre fascias y dolor permite ir más allá de una visión puramente local de los síntomas. Gracias a la tensegridad, las fascias aseguran una redistribución de las tensiones que va mucho más allá de una simple función de sostén. Cuando una fuerza se aplica sobre el cuerpo, no se absorbe localmente, sino que se distribuye a través de la red fascial, lo que permite armonizar las tensiones a escala global.

Cada movimiento, cada postura, cada esfuerzo genera fuerzas que atraviesan el cuerpo. Sin las fascias, estas fuerzas se concentrarían en puntos concretos (articulaciones, nervios, órganos) y provocarían sobrecargas y lesiones. Gracias a su organización en red continua, las fascias reparten y difunden estas tensiones por todo el cuerpo.

Ejemplo concreto:
Cuando camina, el impacto de cada paso lo absorben las fascias plantares y después se transmite a las fascias de las piernas, de la pelvis e incluso de la espalda. Este sistema de redistribución evita que los impactos se concentren en las rodillas o en las vértebras y protege así sus articulaciones a largo plazo.

Este mecanismo muestra que la estabilidad no se basa en la rigidez, sino en la capacidad del sistema para repartir y ajustar las tensiones.

B. Histéresis y disipación de las tensiones

Las fascias presentan además un comportamiento viscoelástico: cuando se solicitan, absorben una parte de la energía mecánica, pero no la devuelven por completo. Una parte de esta energía se disipa, sobre todo en forma de calor, un fenómeno denominado histéresis (Fung, 1993; Humphrey, 2002).

Corte transversal de la red fascial que ilustra el reparto de las tensiones mecánicas y la disipación de energía: las fuerzas se difunden a través de las fibras de colágeno y de la matriz extracelular hidratada; una parte de la energía mecánica se disipa en forma de calor por histéresis y se evacua por la red vascular periférica. Fuentes: Langevin 2021, Schleip 2012, Stecco 2015.
Figura 8 — Reparto de las tensiones y disipación de energía en la fascia En una fascia funcional, el reparto de las tensiones y la disipación de energía son indisociables: las fuerzas se difunden por la red fibrilar, mientras que una fracción de la energía mecánica se disipa en forma de calor (histéresis) y se evacua por la red vascular. © Blue Portance 2026

En un sistema funcional, esta disipación permanece repartida por toda la red fascial y contribuye a amortiguar las tensiones. En cambio, cuando las solicitaciones se vuelven repetitivas y poco variables —como en la posición sentada prolongada—, la histéresis aumenta localmente. La energía mecánica deja de circular de forma homogénea y tiende a concentrarse, lo que refleja una pérdida progresiva de eficacia mecánica del tejido (Langevin, 2021).

3.2. Mantenimiento de la estabilidad sin esfuerzo consciente

A diferencia de los músculos, que requieren una activación voluntaria y se fatigan, las fascias aseguran una estabilidad continua gracias a su elasticidad y a su organización en red. Permiten una adaptación permanente a las pequeñas variaciones posturales, sin esfuerzo consciente.

👉 Aplicación práctica:

En posición sentada, una fascia pélvica funcional reparte automáticamente el peso del cuerpo entre el coxis, los isquiones y las estructuras circundantes. Este reparto evita la concentración de presiones en una sola zona y limita la aparición del dolor.

Cuando se preserva esta capacidad de adaptación, la postura sigue siendo dinámica, incluso en una situación estática.

3.3. Protección de las estructuras sensibles

Las fascias desempeñan también un papel esencial en la protección de las estructuras sensibles, en particular de los nervios y de los vasos sanguíneos. Crean espacios de deslizamiento en los que estas estructuras pueden moverse libremente, al tiempo que amortiguan las tensiones mecánicas.

👉 Caso clínico:

En la neuralgia del pudendoNeuralgia del pudendoDolor neuropático en el territorio del nervio pudendo (periné, órganos genitales externos, región anal), que a menudo se agrava en sedestación.Leer la ficha completa : Neuralgia del pudendo, el dolor no siempre se debe a una compresión directa del nervio. Puede derivar de una alteración del deslizamiento en su entorno fascial, asociada a una pérdida de armonización de las tensiones en la pelvis. Esta alteración modifica las señales mecánicas percibidas por los receptores locales, que después interpreta el sistema nervioso.

Este fenómeno lo respaldan trabajos experimentales que muestran que la capacidad de deslizamiento de las fascias puede reducirse en torno a un 50 % en las personas con lumbalgia crónica en comparación con personas sin síntomas (Langevin et al., 2011).

Esta alteración del deslizamiento no está necesariamente ligada a una lesión visible, sino a una modificación de las propiedades del tejido conjuntivo, en particular a una densificación del colágeno y a una menor movilidad entre las capas (Langevin, 2021).

Así, el dolor aparece como el resultado de una interacción entre la mecánica local y la percepción global.

Este sistema funciona mientras conserva su capacidad de adaptación. Pero ¿qué ocurre cuando esta capacidad se ve alterada? Es lo que examina la sección siguiente.

4. Cuando la tensegridad y la armonización de las tensiones se alteran

4.1. Causas de los desequilibrios

Antes incluso de entrar en detalle, esto es lo que ocurre cuando el sistema pierde su capacidad de adaptación.

A. Pérdida progresiva del deslizamiento fascial

Los 4 estadios de la pérdida progresiva del deslizamiento fascial bajo tensiones repetidas y poco variables: estado funcional con deslizamiento fluido y matriz hidratada; alteración progresiva con matriz más viscosa y puentes transitorios entre las fibras; adherencias funcionales con deslizamiento muy limitado y riesgo inflamatorio; estado avanzado con fibrosis, tejido rígido y posible dolor crónico. Fuentes: Langevin 2021, Stecco 2015.
Figura 9 — Pérdida progresiva del deslizamiento fascial bajo tensiones repetidas Bajo el efecto de tensiones repetidas y poco variables, la matriz extracelular pierde fluidez y se forman progresivamente adherencias entre las fibras, un proceso en 4 estadios que puede evolucionar hacia la fibrosis y el dolor crónico (Langevin, 2021; Stecco, 2015). © Blue Portance 2026

La tensegridad puede verse alterada cuando las propiedades de las fascias se modifican, sobre todo por falta de movimiento, tensiones repetitivas o sobrecarga prolongada. En estas situaciones, el tejido pierde capacidad de adaptación y las tensiones dejan de redistribuirse correctamente.

B. Respuesta celular: adaptación de los fibroblastos

A escala celular, esta modificación del comportamiento mecánico va acompañada de una adaptación de los fibroblastos, las principales células del tejido conjuntivo. En respuesta a tensiones repetitivas y poco variables, estas células pueden aumentar la producción de colágeno, lo que contribuye a densificar la fascia y a reducir el deslizamiento entre las capas (Langevin, 2021).

A la inversa, las solicitaciones mecánicas variadas, en particular los estiramientos suaves, modifican su comportamiento: los fibroblastos se estiran, reorganizan su citoesqueleto y participan activamente en la regulación de la tensión tisular (Langevin et al., 2005; Langevin et al., 2011).

👉 Mecanismo subyacente:

Si las fascias de la pelvis se vuelven menos capaces de adaptarse, las tensiones mecánicas se concentran localmente. Esta concentración puede sobrecargar estructuras sensibles como el coxis, la columna lumbar o los nervios pélvicos.

4.2. Consecuencias: dolor y compensaciones

Cuando la tensegridad se altera, el cuerpo pone en marcha compensaciones. Estos ajustes permiten mantener cierto equilibrio, pero también pueden generar nuevas tensiones en otras zonas.

👉 Ejemplo concreto:

Una cicatriz abdominal puede modificar las tensiones fasciales locales. Esta modificación se propaga por la red circundante y desequilibra la tensegridad de la pelvis. El cuerpo compensa, pero esta compensación puede provocar dolor pélvico o lumbar sin que la causa inicial sea inmediatamente identificable.

Estos mecanismos muestran que la alteración del sistema no depende solo de la intensidad de las tensiones, sino también de su repetición y de su escasa variabilidad, que modifican progresivamente las propiedades mecánicas y biológicas del tejido (Langevin, 2021; Stecco, 2015).

4.3. Papel del sistema neurosensorial en el dolor crónico

Cuando estas alteraciones persisten, el sistema neurosensorial puede modificarse. Los mecanorreceptores se vuelven más sensibles y el sistema nervioso puede amplificar las señales. Este fenómeno se parece, sin coincidir del todo, a lo que la literatura describe como sensibilización centralSensibilización centralLa sensibilización central designa una amplificación de la respuesta del sistema nervioso central a las señales sensoriales: el dolor puede entonces ser más intenso, más extenso o más duradero de lo que cabría esperar por el estado de los tejidos.Leer la ficha completa : Sensibilización central (Latremoliere & Woolf, 2009): en el contexto fascial, la sensibilización implica primero mecanismos periféricos —alteración del deslizamiento, densificación del tejido conjuntivo— que alimentan secundariamente una respuesta central amplificada.

En este contexto, el dolor ya no depende solo de la tensión mecánica inicial, sino de la manera en que el sistema nervioso interpreta esa tensión. El cerebro puede entonces mantener o amplificar una percepción dolorosa, incluso cuando la causa mecánica directa ha disminuido.

4.4. ¿Por qué puede existir un dolor sin lesión visible?

Es frecuente observar dolores persistentes aunque las pruebas médicas (resonancia magnética, TAC, radiografías) no muestren ninguna lesión identificable. Eso no significa que el dolor sea «imaginario»: refleja una modificación del funcionamiento del sistema.

A. Un dolor puede surgir sin anomalía visible en las pruebas de imagen

En un sistema vivo, el dolor no depende solo del estado estructural de los tejidos, sino de la interacción entre varias dimensiones:

  • La mecánica tisular: una pérdida de deslizamiento o un mal reparto de las tensiones puede generar tensiones locales que no son visibles en las pruebas de imagen.
  • La red fascial: una alteración de la tensegridad puede perturbar el equilibrio global y crear zonas de sobrecarga a distancia de la zona dolorosa.
  • El sistema neurosensorial: los mecanorreceptores pueden volverse más sensibles y amplificar señales mecánicas de por sí moderadas.

B. Cuando el cerebro interpreta un desequilibrio más que una lesión

Dicho de otro modo, el cerebro no interpreta una «lesión», sino un conjunto de señales procedentes del cuerpo. Cuando estas señales se vuelven incoherentes o amplificadas, puede generar una percepción dolorosa incluso en ausencia de daño tisular identificable.

👉 Ejemplo:

En algunas lumbalgias crónicas, los pacientes presentan un dolor intenso pese a pruebas normales. Los estudios han mostrado que este dolor puede estar más ligado a una alteración del deslizamiento fascialDeslizamiento fascialEl deslizamiento fascial es el desplazamiento relativo de las capas de fascia entre sí, y respecto a los músculos, los nervios y los vasos vecinos, con cada movimiento del cuerpo.Leer la ficha completa : Deslizamiento fascial y a una sensibilización del sistema nervioso que a una lesión estructural visible.

👉 Punto clave:

Así, un dolor puede ser real, medible e incapacitante, incluso en ausencia de una lesión identificable en las pruebas de imagen. Refleja entonces un desequilibrio del sistema de regulación de las tensiones y de la percepción, más que un daño localizado.

Estos mecanismos —alteración del deslizamiento, amplificación neurosensorial, dolor sin lesión visible— tienen un punto en común: todos derivan de una falta de variabilidad mecánica. La pregunta pasa a ser entonces: ¿cómo restablecer esa variabilidad?

5. Restablecer la dinámica del sistema: por qué los micromovimientos lo cambian todo

Si el dolor no procede solo de una lesión, sino de un desequilibrio del sistema —mecánico, fascial y neurosensorial—, la pregunta pasa a ser: ¿cómo restablecer un funcionamiento normal?

Contrariamente a una idea extendida, ni la inmovilidad ni la «buena postura rígida» alivian de forma duradera. Lo que suele faltar es la variabilidad mecánica: micromovimientosMicromovimientosEn el marco de referencia SBNFA™ de Blue Portance, los micromovimientos son desplazamientos de pequeña amplitud que participan en los ajustes posturales continuos, hacen variar los apoyos y las tensiones mecánicas, y se inscriben en un enfoque que integra la mecanotransducción, mediante la cual las solicitaciones mecánicas pueden influir en las respuestas bioquímicas de las células y en la expresión de sus genes.Leer la ficha completa : Micromovimientos continuos que permiten funcionar al sistema.

  • Restablecen el deslizamiento fascial al reactivar los intercambios en la matriz extracelular.
  • Reparten las tensiones y evitan que se concentren en una zona sensible (coxis, columna lumbar, perinéPerinéEl periné es la región situada en la parte inferior de la pelvis, entre los muslos. Comprende estructuras cutáneas, musculares, fasciales, vasculares y nerviosas y constituye también una zona que puede estar sometida a los apoyos en sedestación.Leer la ficha completa : Periné…).
  • Vuelven a alimentar el sistema neurosensorial al enviar al cerebro señales variadas y coherentes.

A la inversa, una posición sentada estática —incluso «bien colocada»— favorece la repetición de las tensiones, el aumento local de la histéresis y la pérdida progresiva de la capacidad de adaptación del sistema.

👉 Punto clave:

No solo cuenta la posición… sino la capacidad de moverse en ella de forma continua.

5.1. Por qué los asientos convencionales bloquean estos pequeños ajustes

Porque la mayoría de los asientos bloquean precisamente lo que su cuerpo necesita: la libertad de hacer pequeños ajustes.

Estabilizan… pero a costa de una pérdida de movilidad fina. Resultado: el sistema ya no puede repartir las tensiones ni regular las tensiones internas.

5.2. Las consecuencias de una movilidad fina bloqueada

Mientras estos micromovimientos no se restablecen, el sistema permanece bloqueado: las tensiones se repiten, las zonas de sobrecarga persisten… y el dolor también.

5.3. Lo que ocurre biológicamente cuando se restablecen los micromovimientos

A. Los cuatro mecanismos biológicos activados

Restablecer la variabilidad mecánica no tiene solo un efecto postural. Actúa simultáneamente en varios niveles:

  • Rehidratación de la matriz extracelular: las microdeformaciones cíclicas estimulan los intercambios de fluidos en la sustancia fundamental y mejoran la viscosidad y las propiedades lubricantes del tejido (Langevin, 2021).
  • Reorientación de los fibroblastos: bajo estiramientos suaves y variados, los fibroblastos se estiran y reorganizan su citoesqueleto, lo que reduce la producción excesiva de colágeno denso y favorece la flexibilidad del tejido (Langevin et al., 2005; Langevin et al., 2011).
  • Diversificación de las señales propioceptivas: la variabilidad mecánica genera un flujo de información más rico hacia el sistema nervioso central, lo que contribuye a normalizar la respuesta nociceptiva y a reducir la amplificación de las señales dolorosas.
  • Redistribución de la histéresis: al evitar la repetición de las mismas trayectorias de carga, los micromovimientos impiden la concentración local de energía mecánica no disipada y limitan la fatiga tisular progresiva.
Mecanismo del fibroblasto estirado en 3 fases: fibroblasto en reposo con fibras de colágeno densas y desordenadas y deslizamiento limitado; estiramiento mecánico que activa el fibroblasto y desencadena señales mecanobioquímicas (citocinas, NO, PGE2, factores de crecimiento); 3 efectos: reorganización del colágeno, relajación tisular y restablecimiento del deslizamiento entre las capas fasciales. Resultado global: menos adherencias, menor tensión tisular, mejor movilidad y resistencia.
Figura 10 — El fibroblasto estirado: regulación activa del tejido conjuntivo por los micromovimientos El estiramiento mecánico activa el fibroblasto, que emite señales que regulan la calidad del tejido conjuntivo: reorganización del colágeno, relajación tisular y restablecimiento del deslizamiento entre las capas fasciales (Langevin et al., 2005; 2011). © Blue Portance 2026

B. Aplicación: el fundamento biomecánico de la posición sentada dinámica

Es precisamente esta lógica —restablecer la variabilidad en lugar de corregir la postura— la que constituye el fundamento biomecánico de la posición sentada dinámica estabilizada.

Comparación lado a lado fascia estática / fascia en movimiento: a la izquierda, adherencias, fibras rígidas, deslizamiento bloqueado y fluido estancado, que ilustran la concentración de las tensiones; a la derecha, fibras adaptables, deslizamiento restablecido y fluido circulante, que ilustran la redistribución por los micromovimientos. En el centro, el logotipo de Aporia® simboliza la transición entre ambos estados.
Figura 11 — Fascia estática frente a fascia en movimiento: el efecto de los micromovimientos En la posición sentada estática, las tensiones se concentran, el deslizamiento se bloquea y el fluido se estanca. Los micromovimientos devuelven la dinámica fascial: fibras adaptables, deslizamiento restablecido, fluido circulante. © Blue Portance 2026

Precisamente para responder a este problema se desarrolló un enfoque de la posición sentada radicalmente distinto: dejar de buscar la «buena posición» para restablecer la variabilidad mecánica. Esta lógica constituye el principio biomecánico en el que se basa el enfoque de la posición sentada dinámica estabilizada desarrollado por Aporia®.

6. Conclusión: el cuerpo como orquesta

El cuerpo puede entenderse como una orquesta viva. Las fascias son a la vez los instrumentos y la red de transmisión de las tensiones mecánicas y de la información.

El sistema nervioso actúa como director de orquesta, pero como un director que no crea la música por sí solo: depende de forma permanente de las señales que recibe del cuerpo para ajustar su interpretación.

Las neurociencias del dolor muestran que esta percepción es el resultado de un procesamiento activo: el cerebro no se limita a recibir una señal, sino que la interpreta, la modula e incluso puede anticiparla según el contexto, la experiencia y el estado del sistema.

Esta capacidad de adaptación se basa en la plasticidad neural: un mecanismo esencial que permite al cuerpo adaptarse… pero que, en caso de desequilibrio, también puede mantener respuestas inadecuadas.

El movimiento es entonces la partitura, y el dolor, la música que surge de la interacción de todo el sistema.

Cuando las tensiones están bien repartidas y el sistema sigue siendo adaptable, el conjunto funciona con fluidez. Pero cuando esta armonización se altera —pérdida de deslizamiento, rigidificación, señales incoherentes—, el sistema puede generar dolor, incluso en ausencia de una lesión visible.

👉 Punto clave:

El dolor no es solo el reflejo de un problema local. Es el resultado de un sistema global —mecánico, fascial y neurosensorial— cuyo equilibrio puede restablecerse.

Analice su dolor para elegir la solución más adecuada

Si se reconoce en estos mecanismos —dolor en posición sentada, molestias persistentes o sensación de rigidez—, ya no se trata solo de comprender, sino de identificar lo que puede mantener mecánicamente estas tensiones.

La verdadera pregunta se vuelve entonces sencilla: ¿su asiento sigue permitiendo que su cuerpo funcione… o se lo impide progresivamente?

👉 Nuestra herramienta de análisis personalizado del dolor le permite identificar los mecanismos específicos implicados en su dolor en posición sentada y descubrir qué versión de Aporia® se adapta mejor a su situación.

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Preguntas frecuentes

¿Qué relación hay entre las fascias y el dolor?
Las fascias se encuentran entre los tejidos más ricamente inervados del cuerpo. Cuando pierden su capacidad de adaptación, de deslizamiento o de regulación de las tensiones, pueden contribuir a la aparición de señales dolorosas, incluso cuando las pruebas de imagen médicas no muestran ninguna lesión visible.
¿Qué es la tensegridad?
La tensegridad es un principio de equilibrio en el que la tracción y la compresión actúan juntas para repartir eficazmente las fuerzas por todo el cuerpo. Permite una estabilidad sin rigidez excesiva.
¿Cómo puede el reparto de las tensiones limitar el dolor?
Una fascia funcional reparte las tensiones mecánicas por todo el cuerpo. Cuando este reparto se altera, las tensiones se concentran localmente, aumentan la presión sobre algunas zonas sensibles y favorecen las molestias o el dolor.
¿Por qué la posición sentada prolongada puede agravar el dolor?
La posición sentada prolongada impone a los tejidos cargas repetitivas y poco variables. Sin movimiento regular, las fascias pueden perder elasticidad, hidratación y capacidad de deslizamiento, lo que reduce la capacidad del cuerpo para repartir las tensiones.
¿Por qué son importantes los micromovimientos?
Los micromovimientos devuelven variabilidad a las tensiones mecánicas. Favorecen el deslizamiento fascial, estimulan los intercambios en la matriz extracelular y envían señales más coherentes al sistema nervioso.

Para saber más

Profundizar: las fascias en imágenes

Este documental de ARTE ilustra, con ejemplos concretos y observaciones clínicas, los mecanismos descritos en esta página: el papel de las fascias en el movimiento, la adaptación de los tejidos, el dolor persistente pese a la ausencia de una lesión identificable en las pruebas de imagen y la importancia del deslizamiento fascial.

Es un complemento útil para visualizar estos fenómenos y comprender su realidad a partir de situaciones vividas.

Fuente: ARTE — Los aliados ocultos de nuestro organismo: las fascias (documental en francés)

Más en Blue Portance

Referencias científicas

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  • Moseley, G. L. (2007). Reconceptualising pain according to modern pain science. [Source PubMed]
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  • Langevin, H. M. (2006). Connective tissue as a body-wide signaling network. [Source PubMed]
  • Langevin, H. M., et al. (2005). Dynamic fibroblast cytoskeletal response to subcutaneous tissue stretch ex vivo and in vivo. American Journal of Physiology — Cell Physiology, 288(3), C747–C756. [Source PubMed]
  • Langevin, H. M. (2021). Fascia mobility, proprioception, and myofascial pain. Life, 11(7), 668. https://doi.org/10.3390/life11070668 [Source PubMed]
  • Langevin, H. M., et al. (2011). Reduced thoracolumbar fascia shear strain in human chronic low back pain. BMC Musculoskeletal Disorders, 12, 203. https://doi.org/10.1186/1471-2474-12-203 [Source PubMed]
  • Schleip, R. (2003). Fascial plasticity. [Source PubMed]
  • Schleip, R. et al. (2012). Fascia as a sensory organ. [Source Direct]
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  • Tracey, I., & Mantyh, P. W. (2007). The cerebral signature for pain. [Source PubMed]

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