¿Por qué un dolor de rodilla puede venir de la pelvis y cómo interpreta su cerebro —a veces mal— estas señales?
¿Le duele en posición sentada pese a unas pruebas normales? Comprenda el papel de las fascias, de la tensegridad y de los micromovimientos en el origen de este dolor.
Fascias y dolor: comprender la tensegridad y la regulación de las tensiones
Resumen — Las fascias no son simples tejidos de envoltura. Forman una red viva, capaz de repartir las tensiones mecánicas, permitir el deslizamiento de los tejidos y dialogar de forma permanente con el sistema nervioso. Cuando este sistema pierde su capacidad de adaptación —sobre todo en la posición sentada prolongada—, las tensiones se concentran, el deslizamiento disminuye y puede aparecer dolor, incluso sin una lesión visible en las pruebas de imagen. Este artículo explica los mecanismos de las fascias, las causas de su disfunción y por qué restablecer los micromovimientos es esencial para recuperar un equilibrio duradero.
1. Las fascias: la red invisible que conecta todo su cuerpo
Para comprender cómo regulan las fasciasFasciasLas fascias son estructuras de tejido conjuntivo que envuelven, unen o separan determinadas partes del cuerpo. El «sistema fascial» designa un conjunto más amplio de tejidos conjuntivos considerados en su continuidad funcional.Leer la ficha completa : Fascias las tensiones en el cuerpo e interactúan con el sistema neurosensorial, hay que observar su estructura: ¿cómo se organizan y de qué están compuestas?
1.1. Una estructura continua e imbricada que recorre todo el cuerpo
Las fascias son tejidos conjuntivos que forman una red continua en el interior del cuerpo. A diferencia de una visión segmentada de la anatomía, en la que cada estructura sería independiente, las fascias constituyen un continuo anatómico que conecta todos los elementos:
- Los músculos (y sus envolturas)
- Los huesos y las articulaciones
- Los órganos (corazón, pulmones, intestinos, etc.)
- Los nervios y los vasos sanguíneos
No se limitan a una envoltura externa. Se encuentran en todos los niveles: en la superficie (justo debajo de la piel), entre los músculos, alrededor de los órganos y hasta en las estructuras más profundas. Esta organización implica que ninguna parte del cuerpo está realmente aislada.
Las fascias se organizan en capas sucesivas conectadas entre sí, que forman una arquitectura a la vez continua (sin interrupción) y jerarquizada (de la superficie a la profundidad).
1.2 Las grandes categorías de fascias
Antes de entrar en la composición interna de la fascia, conviene distinguir sus grandes categorías anatómicas, que difieren por su localización, su grosor y sus funciones principales:
| Categoría | Localización | Funciones principales |
|---|---|---|
| Fascia superficial | Bajo la piel, por encima de los músculos | Aislamiento térmico, reserva adiposa, deslizamiento cutáneo, drenaje linfático |
| Fascia profunda (epimisio, aponeurosis) | Envolturas musculares, tabiques intermusculares | Transmisión de las fuerzas, reparto de las tensiones, propiocepciónPropiocepciónLa propiocepción es la capacidad del cuerpo para percibir la posición, el movimiento y el esfuerzo de sus distintas partes, sin necesidad de mirarlas.Leer la ficha completa : Propiocepción |
| Fascia visceral (mesenterios, peritoneo, pericardio…) | Alrededor y entre los órganos internos | Sostén y movilidad de los órganos, protección vascular y nerviosa |
| Fascia meníngea (duramadre, piamadre…) | Sistema nervioso central y periférico | Protección mecánica, circulación del líquido cefalorraquídeo, continuidad con la fascia profunda |
Según Stecco, C. (2015). Functional Atlas of the Human Fascial System. Elsevier.
1.3 Los componentes fundamentales de la fascia: una mecánica interna en tres niveles
Para comprender cómo regulan las fascias las tensiones en el cuerpo —y por qué su disfunción puede provocar dolor o rigidez—, primero hay que observar su composición interna. Esta se basa en tres componentes clave que interactúan de forma permanente para asegurar flexibilidad, resistencia y adaptabilidadAdaptabilidadConcepto integrador de Blue Portance que designa la capacidad del cuerpo para ajustar su organización postural y sus respuestas tisulares frente a las tensiones, preservando el equilibrio, la movilidad y el reparto de las cargas.Leer la ficha completa : Adaptabilidad:
A. La matriz extracelular — el «gel lubricante» que permite el deslizamiento
La matriz extracelularMatriz extracelularLa matriz extracelular es la red que rodea las células de un tejido. En las fascias, combina fibras, sobre todo de colágeno, con una sustancia fundamental muy hidratada, y da al tejido sus propiedades mecánicas.Leer la ficha completa : Matriz extracelular es el medio en el que están inmersas las fibras y las células. Compuesta principalmente de agua (hasta un 60-70 %), ácido hialurónico y proteoglicanos, forma una sustancia viscoelástica, a la vez fluida y resistente.
Su papel es crucial:
- Lubrica las capas fasciales y permite un deslizamiento óptimo entre músculos, órganos y otras estructuras.
- Amortigua los impactos gracias a su viscosidad, como un gel protector que absorbe la presión.
- Nutre las células al facilitar el intercambio de nutrientes y de desechos.
Imagine dos placas de vidrio entre las que se deposita una fina capa de aceite. Mientras el aceite está presente, las placas se deslizan una sobre otra sin resistencia. Si el aceite se seca o se degrada, las placas se adhieren y aparecen los rozamientos. Es comparable a lo que ocurre en las fascias: una matriz extracelular bien hidratada favorece un deslizamiento fluido, mientras que la deshidratación contribuye a la aparición de rigidez y molestias.
B. Las fibras — «la armadura inteligente» que se adapta a las tensiones
Las fibras, compuestas principalmente de colágeno (para la resistencia) y de elastina (para la flexibilidad), forman la armadura de la fascia. Su disposición no es aleatoria:
Se organizan según un modelo dinámico:
- En función de las tensiones mecánicas: las fibras se reorientan y se densifican allí donde las tensiones son más fuertes (por ejemplo, en deportistas o trabajadores manuales).
- Con una memoria de las solicitaciones: una postura mantenida mucho tiempo (como la posición sentada) puede modificar de forma duradera su organización, lo que explica algunas rigideces crónicas.
Piense en una red de pesca: sus mallas se estrechan allí donde la presión es más fuerte (como las fibras de colágeno bajo una tensión repetida), y recuperan su forma una vez que la tensión se relaja (gracias a la elastina). Esta adaptabilidad explica por qué las fascias pueden a la vez resistir fuerzas importantes y recuperar su flexibilidad.
C. Las células — los «sensores y reguladores» del sistema
Las fascias no son un tejido inerte: albergan células activas, dos de cuyos tipos desempeñan un papel clave:
- Los fibroblastos: producen y remodelan las fibras de colágeno y la matriz extracelular en función de las tensiones mecánicas. Sin ellos, la fascia perdería su capacidad de adaptación.
- Los mecanorreceptoresMecanorreceptoresLos mecanorreceptores son receptores sensoriales especializados que detectan los estímulos mecánicos (tacto, presión, vibración, estiramiento) y los convierten en señales nerviosas. Este proceso se denomina mecanorrecepción.Leer la ficha completa : Mecanorreceptores (como los corpúsculos de Ruffini o de Pacini): detectan las tensiones, los estiramientos y las presiones y envían esta información al sistema nervioso para ajustar la postura o desencadenar un dolor en caso de sobrecarga.
Los fibroblastos actúan como obreros de la construcción:
reparan y refuerzan la estructura fascial según las necesidades.
Los mecanorreceptores, por su parte, son sensores de alarma:
señalan al cerebro cualquier tensión anormal, como un sistema de seguridad que dispara una alerta en caso de peligro.
D. Una organización viva capaz de adaptarse
La fascia no es, por tanto, un simple «envoltorio» pasivo, sino un sistema vivo y reactivo: la matriz extracelular asegura el deslizamiento y la amortiguación, las fibras aportan una estructura resistente y adaptable, y las células (fibroblastos y mecanorreceptores) regulan e informan de forma permanente al sistema nervioso. Esta interacción permanente explica por qué las fascias desempeñan un papel central en la movilidad, la estabilidad… e incluso la percepción del dolor.
Sin embargo, conocer la composición de la fascia no basta. Para comprender cómo esta red dirige la organización del cuerpo, hay que examinar los dos principios que rigen su funcionamiento: la tensegridad y el diálogo neurosensorial.
2. Las fascias: la arquitectura dinámica del cuerpo humano
Ahora sabemos que las fascias forman una red continua que conecta cada parte de nuestro cuerpo. Sin embargo, esta organización anatómica es solo una base: es al observar las funciones de esta red cuando se comprende plenamente su papel en la organización del cuerpo.
Imagine un tejido capaz de:
- Redistribuir instantáneamente las tensiones mecánicas para proteger sus articulaciones, como una red de seguridad invisible que absorbe y reparte cada impacto.
- Cumplir su papel de sistema sensorial distribuido, en conexión permanente con nuestro cerebro, al que envía millones de señales sobre su postura, sus movimientos e incluso las más pequeñas tensiones de su cuerpo.
- Adaptarse de forma permanente, como un sistema inteligente que regula las tensiones para mantener su equilibrio, tanto si está sentado como de pie o en movimiento.
Estas capacidades se basan en dos propiedades fundamentales que hacen de las fascias mucho más que un simple tejido de sostén:
A. La tensegridad
Un principio de equilibrio dinámico en el que la tracción y la compresión se compensan para mantener una estabilidad sin rigidez.
B. El sistema neurosensorial
Una red de sensores que transmite de forma permanente información al cerebro e influye en su propiocepción y en su percepción del dolor.
En conjunto, estos mecanismos hacen de las fascias el sistema invisible de regulación de su cuerpo: un sistema tan poderoso que, cuando falla, puede estar en el origen de dolores crónicos inexplicados.
Empecemos por explorar el primer pilar: la tensegridad, el principio que permite a su cuerpo seguir siendo estable y móvil, sin necesitar rigidez.
2.1. La tensegridad: el principio del equilibrio sin rigidez
A. Definición y orígenes del concepto
La tensegridad (contracción de tensión e integridad) es un principio arquitectónico en el que elementos en tracción (como las fascias) se equilibran con elementos en compresión (como los huesos). Este mecanismo, descrito por Buckminster Fuller y trasladado a la biología por Ingber (1998), explica cómo su cuerpo conserva su estabilidad sin una rigidez excesiva.
Si siente dolor en el coxis, la pelvis o la espalda en posición sentada, la tensión quizá no proceda solo de esa zona, sino de la manera en que su cuerpo reparte —o ha dejado de repartir— esas tensiones.
B. Los tres efectos de la tensegridad en el cuerpo
En las fascias, la tensegridad permite:
- Un reparto homogéneo de las tensiones: las tensiones se distribuyen por toda la red fascial y evitan las sobrecargas locales. Ejemplo: cuando lleva una bolsa pesada, las fascias del hombro reparten la carga hacia la pelvis y las piernas.
- Una estabilidad pasiva: a diferencia de los músculos (que se fatigan), las fascias mantienen el equilibrio de forma económica. Por eso puede permanecer de pie sin esfuerzo consciente.
- Una adaptabilidad inmediata: el sistema ajusta de forma permanente las tensiones según los movimientos o las posturas. Ejemplo: cuando se inclina hacia delante, las fascias de la espalda se tensan para compensar, mientras que las anteriores se relajan.
👉 Metáfora: Imagine una tienda de campaña en la que los mástiles (huesos) resisten la compresión, mientras que los cables (fascias) mantienen la tensión. Si un cable se tensa o se afloja, toda la estructura se ajusta automáticamente para conservar su equilibrio. En su cuerpo, este mecanismo permite repartir las fuerzas sin sobrecargar una zona concreta.
C. Aplicación a varias escalas e implicaciones clínicas
Esta organización se aplica a distintas escalas de lo vivo, desde la célula hasta las estructuras macroscópicas (Ingber, 1998). Implica que una tensión localizada (por ejemplo, en la pelvis) puede tener repercusiones a distancia (dolor lumbar o cervical) y modificar el equilibrio global. Este principio ha inspirado varios modelos actuales de análisis del movimiento y de las interacciones mecánicas entre estructuras corporales (Myers, 2014).
Un dolor localizado puede tener a menudo su origen en un desequilibrio de la tensegridad situado a distancia.
2.2. La red neurosensorial: cuando las fascias «hablan» con el cerebro
Pensar en las fascias como un simple sistema mecánico es como estudiar una red eléctrica sin tener en cuenta la corriente que circula por ella. Su papel va más allá de la biomecánica: constituyen un sistema neurosensorial distribuido gracias a su extraordinaria densidad de mecanorreceptores. Estos sensores, estudiados por Schleip (2003), convierten las fascias en un sistema de comunicación permanente con el cerebro que influye en la propiocepción y en la percepción del dolor.
En efecto, las fascias no se limitan a transmitir fuerzas: también transmiten información. El tejido conjuntivo constituye así una red de señalización distribuida en la que la percepción y la regulación no están centralizadas, sino que surgen de un diálogo permanente entre los tejidos y el sistema nervioso.
A. Comprender el diálogo permanente entre los tejidos y el cerebro
Los trabajos de Langevin propusieron en particular considerar el tejido conjuntivo como una red de señalización a escala de todo el cuerpo, capaz de transmitir información mecánica que influye en el comportamiento de las células y de los nervios (Langevin, 2006). En este contexto, cada variación de tensión, cada micromovimiento, cada cambio de presión se detecta y se transmite de inmediato.
Por tanto, el cerebro no recibe una señal aislada, sino un flujo continuo de información procedente de toda la red fascial. Interpreta esta información para ajustar la postura, el tono muscular y la coordinación de los movimientos. Este diálogo permanente es la base de la adaptación del cuerpo.
B. Los mecanorreceptores: sensores ultrasensibles
Tres tipos de receptores desempeñan un papel clave:
- Corpúsculos de Ruffini: sensibles a los estiramientos lentos y a los cambios de tensión. Desempeñan un papel clave en la propiocepción (percepción del cuerpo en el espacio).
- Corpúsculos de Pacini: reactivos a las vibraciones y a las presiones rápidas. Ayudan a ajustar los movimientos en tiempo real.
- Terminaciones nerviosas libres: detectan las tensiones excesivas y pueden desencadenar señales de dolor.
Estos receptores envían de forma permanente información al cerebro sobre:
- El estado de las tensiones en los tejidos.
- Los movimientos del cuerpo.
- Los cambios de presión.
👉 Ejemplo: Cuando cierra los ojos y se toca la nariz, los mecanorreceptores de las fascias informan a su cerebro de la posición exacta de su brazo, de su hombro y de su cuello. Es lo que permite un movimiento preciso, incluso sin control visual.
C. Propiocepción y dolor: dos caras de una misma moneda
La red neurosensorial de las fascias influye en dos aspectos importantes:
- La propiocepción: la capacidad de percibir la posición y los movimientos del propio cuerpo. Ejemplo: saber dónde está su mano sin mirarla.
- La nocicepciónNocicepciónLa nocicepción es el proceso mediante el cual el sistema nervioso detecta y codifica los estímulos potencialmente nocivos para los tejidos. No se confunde con el dolor, que es una experiencia.Leer la ficha completa : Nocicepción: la detección de los estímulos dolorosos. Ejemplo: sentir una tensión en la espalda antes de que se vuelva dolorosa.
Cuando este sistema falla (por ejemplo, en caso de inflamación o de rigidez), pueden aparecer dos fenómenos:
- AlodiniaAlodiniaLa alodinia es un dolor provocado por un estímulo que normalmente no es doloroso: un roce, el contacto de la ropa, una presión ligera. Es un término clínico descriptivo: describe lo que la persona siente, sin designar por sí solo un mecanismo.Leer la ficha completa : Alodinia: un estímulo normalmente indoloro (como un roce ligero) se percibe como doloroso.
- HiperalgesiaHiperalgesiaLa hiperalgesia es una respuesta dolorosa aumentada ante un estímulo normalmente doloroso. Dicho de otro modo, un estímulo ya doloroso provoca un dolor anormalmente amplificado. Es un término clínico descriptivo, que no designa por sí solo un mecanismo.Leer la ficha completa : Hiperalgesia: un dolor se amplifica en relación con el estímulo real.
👉 Caso clínico: En la lumbalgiaLumbalgiaLa lumbalgia es un dolor de la parte baja de la espalda, situado entre la charnela toracolumbar y el pliegue glúteo. En la gran mayoría de los casos se denomina común: es de origen mecánico y no se debe a una enfermedad grave.Leer la ficha completa : Lumbalgia crónica, los mecanorreceptores de las fascias lumbares se vuelven hipersensibles. El cerebro interpreta entonces tensiones normales como señales de dolor, incluso en ausencia de lesión. Eso explica por qué algunos dolores persisten aunque las pruebas (resonancia magnética, radiografías) no muestren nada anormal.
La fascia no es solo un sistema de transmisión de las tensiones: es una interfaz activa entre la mecánica y la percepción.
3. Las fascias como órgano de regulación y de armonización de las tensiones
3.1. Redistribución automática de las fuerzas
A. Por qué las tensiones nunca permanecen locales
Comprender la relación entre fascias y dolor permite ir más allá de una visión puramente local de los síntomas. Gracias a la tensegridad, las fascias aseguran una redistribución de las tensiones que va mucho más allá de una simple función de sostén. Cuando una fuerza se aplica sobre el cuerpo, no se absorbe localmente, sino que se distribuye a través de la red fascial, lo que permite armonizar las tensiones a escala global.
Cada movimiento, cada postura, cada esfuerzo genera fuerzas que atraviesan el cuerpo. Sin las fascias, estas fuerzas se concentrarían en puntos concretos (articulaciones, nervios, órganos) y provocarían sobrecargas y lesiones. Gracias a su organización en red continua, las fascias reparten y difunden estas tensiones por todo el cuerpo.
Ejemplo concreto:
Cuando camina, el impacto de cada paso lo absorben las fascias plantares y después se transmite a las fascias de las piernas, de la pelvis e incluso de la espalda. Este sistema de redistribución evita que los impactos se concentren en las rodillas o en las vértebras y protege así sus articulaciones a largo plazo.
Este mecanismo muestra que la estabilidad no se basa en la rigidez, sino en la capacidad del sistema para repartir y ajustar las tensiones.
B. Histéresis y disipación de las tensiones
Las fascias presentan además un comportamiento viscoelástico: cuando se solicitan, absorben una parte de la energía mecánica, pero no la devuelven por completo. Una parte de esta energía se disipa, sobre todo en forma de calor, un fenómeno denominado histéresis (Fung, 1993; Humphrey, 2002).
En un sistema funcional, esta disipación permanece repartida por toda la red fascial y contribuye a amortiguar las tensiones. En cambio, cuando las solicitaciones se vuelven repetitivas y poco variables —como en la posición sentada prolongada—, la histéresis aumenta localmente. La energía mecánica deja de circular de forma homogénea y tiende a concentrarse, lo que refleja una pérdida progresiva de eficacia mecánica del tejido (Langevin, 2021).
3.2. Mantenimiento de la estabilidad sin esfuerzo consciente
A diferencia de los músculos, que requieren una activación voluntaria y se fatigan, las fascias aseguran una estabilidad continua gracias a su elasticidad y a su organización en red. Permiten una adaptación permanente a las pequeñas variaciones posturales, sin esfuerzo consciente.
En posición sentada, una fascia pélvica funcional reparte automáticamente el peso del cuerpo entre el coxis, los isquiones y las estructuras circundantes. Este reparto evita la concentración de presiones en una sola zona y limita la aparición del dolor.
Cuando se preserva esta capacidad de adaptación, la postura sigue siendo dinámica, incluso en una situación estática.
3.3. Protección de las estructuras sensibles
Las fascias desempeñan también un papel esencial en la protección de las estructuras sensibles, en particular de los nervios y de los vasos sanguíneos. Crean espacios de deslizamiento en los que estas estructuras pueden moverse libremente, al tiempo que amortiguan las tensiones mecánicas.
En la neuralgia del pudendoNeuralgia del pudendoDolor neuropático en el territorio del nervio pudendo (periné, órganos genitales externos, región anal), que a menudo se agrava en sedestación.Leer la ficha completa : Neuralgia del pudendo, el dolor no siempre se debe a una compresión directa del nervio. Puede derivar de una alteración del deslizamiento en su entorno fascial, asociada a una pérdida de armonización de las tensiones en la pelvis. Esta alteración modifica las señales mecánicas percibidas por los receptores locales, que después interpreta el sistema nervioso.
Este fenómeno lo respaldan trabajos experimentales que muestran que la capacidad de deslizamiento de las fascias puede reducirse en torno a un 50 % en las personas con lumbalgia crónica en comparación con personas sin síntomas (Langevin et al., 2011).
Esta alteración del deslizamiento no está necesariamente ligada a una lesión visible, sino a una modificación de las propiedades del tejido conjuntivo, en particular a una densificación del colágeno y a una menor movilidad entre las capas (Langevin, 2021).
Así, el dolor aparece como el resultado de una interacción entre la mecánica local y la percepción global.
Este sistema funciona mientras conserva su capacidad de adaptación. Pero ¿qué ocurre cuando esta capacidad se ve alterada? Es lo que examina la sección siguiente.
4. Cuando la tensegridad y la armonización de las tensiones se alteran
4.1. Causas de los desequilibrios
Antes incluso de entrar en detalle, esto es lo que ocurre cuando el sistema pierde su capacidad de adaptación.
A. Pérdida progresiva del deslizamiento fascial
La tensegridad puede verse alterada cuando las propiedades de las fascias se modifican, sobre todo por falta de movimiento, tensiones repetitivas o sobrecarga prolongada. En estas situaciones, el tejido pierde capacidad de adaptación y las tensiones dejan de redistribuirse correctamente.
B. Respuesta celular: adaptación de los fibroblastos
A escala celular, esta modificación del comportamiento mecánico va acompañada de una adaptación de los fibroblastos, las principales células del tejido conjuntivo. En respuesta a tensiones repetitivas y poco variables, estas células pueden aumentar la producción de colágeno, lo que contribuye a densificar la fascia y a reducir el deslizamiento entre las capas (Langevin, 2021).
A la inversa, las solicitaciones mecánicas variadas, en particular los estiramientos suaves, modifican su comportamiento: los fibroblastos se estiran, reorganizan su citoesqueleto y participan activamente en la regulación de la tensión tisular (Langevin et al., 2005; Langevin et al., 2011).
Si las fascias de la pelvis se vuelven menos capaces de adaptarse, las tensiones mecánicas se concentran localmente. Esta concentración puede sobrecargar estructuras sensibles como el coxis, la columna lumbar o los nervios pélvicos.
4.2. Consecuencias: dolor y compensaciones
Cuando la tensegridad se altera, el cuerpo pone en marcha compensaciones. Estos ajustes permiten mantener cierto equilibrio, pero también pueden generar nuevas tensiones en otras zonas.
Una cicatriz abdominal puede modificar las tensiones fasciales locales. Esta modificación se propaga por la red circundante y desequilibra la tensegridad de la pelvis. El cuerpo compensa, pero esta compensación puede provocar dolor pélvico o lumbar sin que la causa inicial sea inmediatamente identificable.
Estos mecanismos muestran que la alteración del sistema no depende solo de la intensidad de las tensiones, sino también de su repetición y de su escasa variabilidad, que modifican progresivamente las propiedades mecánicas y biológicas del tejido (Langevin, 2021; Stecco, 2015).
4.3. Papel del sistema neurosensorial en el dolor crónico
Cuando estas alteraciones persisten, el sistema neurosensorial puede modificarse. Los mecanorreceptores se vuelven más sensibles y el sistema nervioso puede amplificar las señales. Este fenómeno se parece, sin coincidir del todo, a lo que la literatura describe como sensibilización centralSensibilización centralLa sensibilización central designa una amplificación de la respuesta del sistema nervioso central a las señales sensoriales: el dolor puede entonces ser más intenso, más extenso o más duradero de lo que cabría esperar por el estado de los tejidos.Leer la ficha completa : Sensibilización central (Latremoliere & Woolf, 2009): en el contexto fascial, la sensibilización implica primero mecanismos periféricos —alteración del deslizamiento, densificación del tejido conjuntivo— que alimentan secundariamente una respuesta central amplificada.
En este contexto, el dolor ya no depende solo de la tensión mecánica inicial, sino de la manera en que el sistema nervioso interpreta esa tensión. El cerebro puede entonces mantener o amplificar una percepción dolorosa, incluso cuando la causa mecánica directa ha disminuido.
4.4. ¿Por qué puede existir un dolor sin lesión visible?
Es frecuente observar dolores persistentes aunque las pruebas médicas (resonancia magnética, TAC, radiografías) no muestren ninguna lesión identificable. Eso no significa que el dolor sea «imaginario»: refleja una modificación del funcionamiento del sistema.
A. Un dolor puede surgir sin anomalía visible en las pruebas de imagen
En un sistema vivo, el dolor no depende solo del estado estructural de los tejidos, sino de la interacción entre varias dimensiones:
- La mecánica tisular: una pérdida de deslizamiento o un mal reparto de las tensiones puede generar tensiones locales que no son visibles en las pruebas de imagen.
- La red fascial: una alteración de la tensegridad puede perturbar el equilibrio global y crear zonas de sobrecarga a distancia de la zona dolorosa.
- El sistema neurosensorial: los mecanorreceptores pueden volverse más sensibles y amplificar señales mecánicas de por sí moderadas.
B. Cuando el cerebro interpreta un desequilibrio más que una lesión
Dicho de otro modo, el cerebro no interpreta una «lesión», sino un conjunto de señales procedentes del cuerpo. Cuando estas señales se vuelven incoherentes o amplificadas, puede generar una percepción dolorosa incluso en ausencia de daño tisular identificable.
En algunas lumbalgias crónicas, los pacientes presentan un dolor intenso pese a pruebas normales. Los estudios han mostrado que este dolor puede estar más ligado a una alteración del deslizamiento fascialDeslizamiento fascialEl deslizamiento fascial es el desplazamiento relativo de las capas de fascia entre sí, y respecto a los músculos, los nervios y los vasos vecinos, con cada movimiento del cuerpo.Leer la ficha completa : Deslizamiento fascial y a una sensibilización del sistema nervioso que a una lesión estructural visible.
Así, un dolor puede ser real, medible e incapacitante, incluso en ausencia de una lesión identificable en las pruebas de imagen. Refleja entonces un desequilibrio del sistema de regulación de las tensiones y de la percepción, más que un daño localizado.
Estos mecanismos —alteración del deslizamiento, amplificación neurosensorial, dolor sin lesión visible— tienen un punto en común: todos derivan de una falta de variabilidad mecánica. La pregunta pasa a ser entonces: ¿cómo restablecer esa variabilidad?
5. Restablecer la dinámica del sistema: por qué los micromovimientos lo cambian todo
Si el dolor no procede solo de una lesión, sino de un desequilibrio del sistema —mecánico, fascial y neurosensorial—, la pregunta pasa a ser: ¿cómo restablecer un funcionamiento normal?
Contrariamente a una idea extendida, ni la inmovilidad ni la «buena postura rígida» alivian de forma duradera. Lo que suele faltar es la variabilidad mecánica: micromovimientosMicromovimientosEn el marco de referencia SBNFA™ de Blue Portance, los micromovimientos son desplazamientos de pequeña amplitud que participan en los ajustes posturales continuos, hacen variar los apoyos y las tensiones mecánicas, y se inscriben en un enfoque que integra la mecanotransducción, mediante la cual las solicitaciones mecánicas pueden influir en las respuestas bioquímicas de las células y en la expresión de sus genes.Leer la ficha completa : Micromovimientos continuos que permiten funcionar al sistema.
- Restablecen el deslizamiento fascial al reactivar los intercambios en la matriz extracelular.
- Reparten las tensiones y evitan que se concentren en una zona sensible (coxis, columna lumbar, perinéPerinéEl periné es la región situada en la parte inferior de la pelvis, entre los muslos. Comprende estructuras cutáneas, musculares, fasciales, vasculares y nerviosas y constituye también una zona que puede estar sometida a los apoyos en sedestación.Leer la ficha completa : Periné…).
- Vuelven a alimentar el sistema neurosensorial al enviar al cerebro señales variadas y coherentes.
A la inversa, una posición sentada estática —incluso «bien colocada»— favorece la repetición de las tensiones, el aumento local de la histéresis y la pérdida progresiva de la capacidad de adaptación del sistema.
No solo cuenta la posición… sino la capacidad de moverse en ella de forma continua.
5.1. Por qué los asientos convencionales bloquean estos pequeños ajustes
Porque la mayoría de los asientos bloquean precisamente lo que su cuerpo necesita: la libertad de hacer pequeños ajustes.
Estabilizan… pero a costa de una pérdida de movilidad fina. Resultado: el sistema ya no puede repartir las tensiones ni regular las tensiones internas.
5.2. Las consecuencias de una movilidad fina bloqueada
Mientras estos micromovimientos no se restablecen, el sistema permanece bloqueado: las tensiones se repiten, las zonas de sobrecarga persisten… y el dolor también.
5.3. Lo que ocurre biológicamente cuando se restablecen los micromovimientos
A. Los cuatro mecanismos biológicos activados
Restablecer la variabilidad mecánica no tiene solo un efecto postural. Actúa simultáneamente en varios niveles:
- Rehidratación de la matriz extracelular: las microdeformaciones cíclicas estimulan los intercambios de fluidos en la sustancia fundamental y mejoran la viscosidad y las propiedades lubricantes del tejido (Langevin, 2021).
- Reorientación de los fibroblastos: bajo estiramientos suaves y variados, los fibroblastos se estiran y reorganizan su citoesqueleto, lo que reduce la producción excesiva de colágeno denso y favorece la flexibilidad del tejido (Langevin et al., 2005; Langevin et al., 2011).
- Diversificación de las señales propioceptivas: la variabilidad mecánica genera un flujo de información más rico hacia el sistema nervioso central, lo que contribuye a normalizar la respuesta nociceptiva y a reducir la amplificación de las señales dolorosas.
- Redistribución de la histéresis: al evitar la repetición de las mismas trayectorias de carga, los micromovimientos impiden la concentración local de energía mecánica no disipada y limitan la fatiga tisular progresiva.
B. Aplicación: el fundamento biomecánico de la posición sentada dinámica
Es precisamente esta lógica —restablecer la variabilidad en lugar de corregir la postura— la que constituye el fundamento biomecánico de la posición sentada dinámica estabilizada.
Precisamente para responder a este problema se desarrolló un enfoque de la posición sentada radicalmente distinto: dejar de buscar la «buena posición» para restablecer la variabilidad mecánica. Esta lógica constituye el principio biomecánico en el que se basa el enfoque de la posición sentada dinámica estabilizada desarrollado por Aporia®.
6. Conclusión: el cuerpo como orquesta
El cuerpo puede entenderse como una orquesta viva. Las fascias son a la vez los instrumentos y la red de transmisión de las tensiones mecánicas y de la información.
El sistema nervioso actúa como director de orquesta, pero como un director que no crea la música por sí solo: depende de forma permanente de las señales que recibe del cuerpo para ajustar su interpretación.
Las neurociencias del dolor muestran que esta percepción es el resultado de un procesamiento activo: el cerebro no se limita a recibir una señal, sino que la interpreta, la modula e incluso puede anticiparla según el contexto, la experiencia y el estado del sistema.
Esta capacidad de adaptación se basa en la plasticidad neural: un mecanismo esencial que permite al cuerpo adaptarse… pero que, en caso de desequilibrio, también puede mantener respuestas inadecuadas.
El movimiento es entonces la partitura, y el dolor, la música que surge de la interacción de todo el sistema.
Cuando las tensiones están bien repartidas y el sistema sigue siendo adaptable, el conjunto funciona con fluidez. Pero cuando esta armonización se altera —pérdida de deslizamiento, rigidificación, señales incoherentes—, el sistema puede generar dolor, incluso en ausencia de una lesión visible.
El dolor no es solo el reflejo de un problema local. Es el resultado de un sistema global —mecánico, fascial y neurosensorial— cuyo equilibrio puede restablecerse.
Analice su dolor para elegir la solución más adecuada
Si se reconoce en estos mecanismos —dolor en posición sentada, molestias persistentes o sensación de rigidez—, ya no se trata solo de comprender, sino de identificar lo que puede mantener mecánicamente estas tensiones.
La verdadera pregunta se vuelve entonces sencilla: ¿su asiento sigue permitiendo que su cuerpo funcione… o se lo impide progresivamente?
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Preguntas frecuentes
¿Qué relación hay entre las fascias y el dolor?
¿Qué es la tensegridad?
¿Cómo puede el reparto de las tensiones limitar el dolor?
¿Por qué la posición sentada prolongada puede agravar el dolor?
¿Por qué son importantes los micromovimientos?
Para saber más
Profundizar: las fascias en imágenes
Este documental de ARTE ilustra, con ejemplos concretos y observaciones clínicas, los mecanismos descritos en esta página: el papel de las fascias en el movimiento, la adaptación de los tejidos, el dolor persistente pese a la ausencia de una lesión identificable en las pruebas de imagen y la importancia del deslizamiento fascial.
Es un complemento útil para visualizar estos fenómenos y comprender su realidad a partir de situaciones vividas.
Fuente: ARTE — Los aliados ocultos de nuestro organismo: las fascias (documental en francés)
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- ➡️ Dolor crónicoDolor crónicoUn dolor se denomina crónico cuando persiste o reaparece durante más de tres meses. Puede acompañar a una enfermedad identificada o constituir una afección por sí mismo.Leer la ficha completa : Dolor crónico, parte 1: «El dolor crónico descifrado: comprender los mecanismos para actuar por fin»
Referencias científicas
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