Este artículo forma parte del dosier de expertos « Las fascias ».
Capítulo 5 — Centro de conocimiento Blue Portance¿Por qué necesitan las fascias micromovimientos?
Resumen — Incluso cuando una postura parece inmóvil, la respiración, la actividad muscular y los ajustes posturales generan pequeñas variaciones. Estos micromovimientos desplazan las líneas de carga, alternan parcialmente compresión y descarga, movilizan las interfaces y evitan que una misma configuración mecánica se prolongue sin interrupción.
1. La inmovilidad completa casi nunca existe
El cuerpo vivo presenta oscilaciones posturales, movimientos respiratorios, pulsaciones y contracciones de baja amplitud. Estas variaciones no sustituyen al movimiento global, pero modifican continuamente el estado mecánico local. Las secciones siguientes abordan así sucesivamente la localización de las cargas, la fluencia, los intercambios de fluidos y la noción de variabilidad controlada.
Estas fuentes de variación se superponen permanentemente. Así, la respiración moviliza el diafragma, la caja torácica e, indirectamente, toda la cadena conjuntiva abdominal y lumbar. Lo hace a un ritmo que, en un adulto en reposo, suele situarse entre doce y veinte ciclos por minuto. El pulso arterial transmite a los tejidos que rodean los vasos una pulsación de baja amplitud, pero continua.
A ello se suman oscilaciones posturales involuntarias. El cuerpo humano de pie o sentado nunca está, en efecto, perfectamente estable, sino que oscila ligeramente alrededor de una posición de equilibrio para mantenerla activamente (Winter, 1995). Estas distintas fuentes —respiratoria, vascular, postural— siguen siendo movimientos de muy baja amplitud, cuya magnitud mecánica local no se ha establecido aquí de forma cuantitativa. No deben, por tanto, confundirse entre sí ni suponerse capaces de producir un beneficio fascial equivalente.
Un tejido en diálogo permanente con el movimiento
Incluso una persona que se esfuerza por « no moverse » sigue siendo así la sede de múltiples fuentes de variación mecánica, independientes de su voluntad. Esta acumulación de observaciones ha contribuido a que la representación de la fascia, considerada durante mucho tiempo un tejido pasivo, evolucione hacia la de un tejido en diálogo permanente con el movimiento, por discreto que sea. La síntesis de Lesondak recoge así esta evolución de la representación general, sin demostrar ella misma los mecanismos fisiológicos precisos implicados (Lesondak, 2019).
2. Cambiar la localización y la dirección de las cargas
Un micromovimiento útil no suprime necesariamente la fuerza global. Desplaza más bien una parte de la carga y modifica la orientación de algunas tensiones. Varias regiones comparten así la exposición, en lugar de solicitar continuamente el mismo punto.
En posición sentada, un ligero traslado del peso de un isquion al otro, una basculación de la pelvis hacia delante o hacia atrás, o un cambio de apoyo de los antebrazos modifican así la distribución de las presiones bajo el cuerpo. Esto ocurre sin necesidad de un cambio de postura visible desde fuera. Estos ajustes, a menudo inconscientes, redistribuyen así la carga entre zonas que, de otro modo, seguirían solicitadas de forma permanente. El cambio de dirección cuenta tanto como el de localización. Una basculación lateral y una basculación anteroposterior no solicitan, en efecto, las mismas fibras ni las mismas interfaces de deslizamiento. Una variabilidad en varias direcciones puede así renovar la solicitación de un mayor número de interfaces que una oscilación limitada a un solo eje.
No garantiza, sin embargo, por sí sola un efecto protector demostrado: este depende también de la amplitud, la frecuencia y el tejido implicado. La frecuencia y la amplitud de estos ajustes pueden variar, en efecto, según la tarea, la fatiga, la atención y el estado sensoriomotor. Estos factores no actúan, sin embargo, de la misma forma en todas las personas.
Lo que muestran los estudios sobre la oscilación postural espontánea
Esta observación encuentra eco en los estudios sobre la oscilación postural espontánea, que muestran que una persona de pie o sentada sigue produciendo pequeños desplazamientos de su centro de presión incluso cuando cree permanecer perfectamente inmóvil (Winter, 1995). Lejos de ser un signo de inestabilidad, esta oscilación continua refleja así un control posturalControl posturalEl control postural es la función mediante la cual el sistema nervioso controla la posición del cuerpo en el espacio, con dos objetivos: la orientación de los segmentos entre sí y respecto al entorno, y el equilibrio.Leer la ficha completa : Control postural activo, en ajuste permanente. Redistribuye en tiempo real la carga que soportan los distintos apoyos.
Una reducción anómala de esta variabilidad espontánea —y no su presencia— se asocia así a veces, en la literatura sobre el control postural, a una menor capacidad de adaptación del sistema. Este vínculo merece, sin embargo, precisarse. La amplitud global de la oscilación es, en efecto, solo uno de los parámetros estudiados, junto con su velocidad, su regularidad y su complejidad temporal.
Una variabilidad moderada más que una ausencia de movimiento
Una persona puede así presentar una amplitud de oscilación cercana a la media y mostrar, sin embargo, una menor diversidad de sus estrategias sensoriomotoras —un apoyo preferente, un patrón repetitivo, un menor uso de los bordes de su superficie de apoyo— sin que ello se traduzca en un mayor desplazamiento del centro de presión. Esta constatación invita así a matizar una doble intuición. Una postura perfectamente fija no sería necesariamente un signo de buen control, del mismo modo que una oscilación amplia no sería necesariamente el signo de un mejor control.
Una variabilidad espontánea presente en cantidad moderada y diversa en sus estrategias refleja más bien un sistema capaz de percibir y responder continuamente a su estado interno. Se opone así a un sistema fijado en una configuración única.
3. Interrumpir la fluencia continua
Cuando un micromovimiento reduce realmente la carga aplicada a una zona, aunque sea parcialmente, puede interrumpir temporalmente la continuidad de esa solicitación. Los tejidos viscoelásticos presentan una recuperación dependiente del tiempo tras la descarga, pero esta no es ni instantánea ni necesariamente completa (Fung, 1993). Su magnitud depende de la amplitud de la descarga, de su duración, del tejido implicado y del historial de cargas anteriores. Una oscilación demasiado débil puede así no descargar realmente la zona, mientras que un movimiento excesivo puede irritarla.
Descarga, redistribución y límites de la fluencia diferida
El capítulo 2 mostró que un tejido mantenido bajo carga constante sigue deformándose por fluencia, y que la fuerza necesaria para mantener una deformación constante disminuye por relajación de tensiones. Yahia et al. caracterizaron así la relajación de tensiones y la histéresis de la fascia toracolumbarFascia toracolumbarLa fascia toracolumbar es un conjunto de capas conjuntivas de la parte baja de la espalda. Envuelve los músculos profundos de la espalda y recibe las inserciones o prolongaciones de varios músculos del tronco y de la pelvis.Leer la ficha completa : Fascia toracolumbar humana bajo solicitación en tracción. Su estudio confirma su comportamiento viscoelástico. No permite, sin embargo, por sí solo determinar la frecuencia óptima de los micromovimientos ni su efecto en posición sentada (Yahia et al., 1993).
Un micromovimiento, cuando descarga realmente una zona, puede interrumpir este proceso antes de que se exprese por completo. La descarga, aunque sea parcial y breve, permite así que la fase fluida se redistribuya y que una parte de la deformación acumulada se recupere.
Una tolerancia que varía de una persona a otra
Un micromovimiento no descarga, sin embargo, necesariamente la estructura implicada: también puede limitarse a desplazar la dirección o la localización de la tensión; en ese caso, la fluencia continúa en otro lugar. Repetida a intervalos suficientemente cortos, una descarga eficaz limita la acumulación progresiva de deformación que se produciría bajo una carga estrictamente continua e ininterrumpida. Si la recuperación entre ciclos sigue siendo insuficiente, en cambio, la fluencia puede reanudarse en cuanto vuelve la carga y seguir acumulándose.
El intervalo óptimo entre dos descargas no es un valor universal. Depende, en efecto, del tejido implicado, de la intensidad de la carga y de la velocidad a la que ese tejido se recupera habitualmente. Esto explica así la gran variabilidad individual observada en la tolerancia a una misma postura mantenida.
Un mismo asiento, tiempos de tolerancia distintos
Dos personas sentadas en el mismo asiento, en la misma posición, pueden así experimentar una incomodidad tras tiempos muy distintos. Estas diferencias de tolerancia pueden deberse, en efecto, a múltiples factores mecánicos, vasculares, morfológicos, sensoriales y contextuales, sin que pueda deducirse un mecanismo único solo a partir del momento en que aparece la incomodidad.
Esta variabilidad interindividual invita así a la prudencia frente a cualquier recomendación postural presentada como universal, con independencia de la persona y del contexto. Aboga más bien por soluciones capaces de adaptarse a esta variabilidad, en lugar de ignorarla o de tratarla como una anomalía que corregir.
4. Mantener los deslizamientos y los desplazamientos de fluidos
Las variaciones de forma movilizan los planos tisulares y modifican las presiones intersticiales. Pueden facilitar los intercambios locales, sin justificar la afirmación de que « rehidratarían » instantáneamente cualquier fascia.
El deslizamiento entre planos fasciales descrito en el capítulo 4 se basa en particular en una fina capa de tejido conjuntivo laxo, rica en ácido hialurónico, presente entre la fascia profunda y el músculo, así como entre algunas hojas fasciales adyacentes. Su contenido varía así según la localización y la función de deslizamiento propia de cada región anatómica (Fede et al., 2018). Este deslizamiento depende, en efecto, de una movilización repetida para seguir siendo eficaz. Una interfaz que nunca se solicita tiende así a perder parte de su capacidad de deslizamiento con el tiempo. Una movilización regular, aunque sea de baja amplitud, mantiene, por el contrario, los intercambios entre la sustancia fundamental y los capilares circundantes.
Tres escalas que no deben confundirse
Este mecanismo sigue siendo local y progresivo: no se trata de un fenómeno inmediato comparable a la absorción de un líquido, sino de un mantenimiento continuo de las propiedades del tejido conjuntivo, que se acumula a lo largo de horas y días. Conviene, por tanto, distinguir tres escalas a menudo confundidas. La primera es el desplazamiento local de los fluidos intersticiales alrededor de las fibras; la segunda, la renovación metabólica de los componentes de la matriz por los fibroblastos; y la tercera, la perfusión sanguínea propiamente dicha, que depende de la red capilar circundante.
El movimiento favorece el primer mecanismo sin demostrar con ello que cualquier micromovimiento « restaure » por sí solo una interfaz ya alterada por una inmovilización prolongada o una remodelación fibrótica. Estos efectos agudos, medibles en una sola sesión, deben distinguirse, por tanto, de la remodelación tisular a más largo plazo. Esta se basa, en efecto, más en una adaptación celular progresiva que en un simple desplazamiento de fluidos.
Unos intercambios que dependen también de la vascularización local
Estos intercambios conciernen en particular a la renovación de los nutrientes y a la eliminación de los productos del metabolismo celular en los tejidos menos vascularizados, que dependen más de la difusión y del movimiento de los fluidos intersticiales que de un aporte sanguíneo directo. En una zona sometida a una compresión mantenida sin variación, estos intercambios se ralentizan, lo que puede modificar progresivamente el entorno bioquímico local de las células implicadas.
Estos fenómenos deben distinguirse, además, de una disminución de la perfusión sanguínea. El transporte intersticial, la difusión molecular y el aporte vascular están, en efecto, relacionados entre sí, pero no designan el mismo mecanismo. Unas maniobras de descarga insuficientes en amplitud o en duración pueden así reducir uno sin restablecer necesariamente el otro (Makhsous et al., 2007).
5. Variabilidad no significa inestabilidad
Una buena variabilidad asocia estabilidad suficiente y posibilidades de ajuste. Una superficie imprevisible puede, por tanto, aumentar el trabajo muscular y las reacciones de protección. El objetivo es una movilidad controlada, no un desequilibrio permanente.
Es importante precisar esta distinción, porque suele ser fuente de confusión. Una inestabilidad impuesta por el soporte —por ejemplo, un asiento que cede o cuya respuesta mecánica es imprevisible— obliga al sistema nervioso a desplegar un control postural activo y sostenido para evitar una caída o un desequilibrio marcado. Este trabajo muscular compensatorio puede convertirse así, a su vez, en una fuente de fatiga y de tensión adicional.
La variabilidad útil, por el contrario, es una variación de baja amplitud alrededor de una base estable y previsible. Deja así al cuerpo la libertad de efectuar pequeños ajustes sin comprometer nunca el equilibrio global. La diferencia no está, por tanto, en la presencia o ausencia de movimiento. Está más bien en si ese movimiento es elegido y controlado por la persona o impuesto por una inestabilidad del soporte.
Consecuencias para el diseño de un asiento
Esta distinción tiene una consecuencia directa para el diseño de un asiento. Un soporte firme y poco adaptable puede mantener de forma duradera la misma distribución de los apoyos y limitar algunos ajustes espontáneos. A la inversa, una movilidad excesiva o imprevisible puede imponer un trabajo de estabilización permanente. La rigidez o la flexibilidad del material no bastan, por tanto, para predecir la calidad del reparto de las cargas. La geometría, la superficie de apoyo, la distribución de las presiones y la adaptación morfológica del asiento cuentan, en efecto, otro tanto.
Tres formas de movimiento en posición sentada
Es útil distinguir aquí varias formas de movimiento en posición sentada. Un movimiento permitido es un desplazamiento que la estructura del asiento autoriza sin oponerse a él. El movimiento autoiniciado es un ajuste que la persona inicia voluntariamente, como un traslado del peso o una basculación de la pelvis. Un movimiento impuesto por el soporte es, en cambio, un desplazamiento que la persona sufre porque el propio asiento cede o reacciona de forma imprevisible.
Una movilidad previsible más que impuesta
Una movilidad previsible, sea autoiniciada o simplemente permitida, permite al sistema nervioso anticipar la respuesta mecánica y ajustar su control en consecuencia. Una inestabilidad imprevisible impone, en cambio, una cocontracción defensiva, más costosa y menos específica, orientada sobre todo a evitar el desequilibrio más que a optimizar el reparto de las cargas.
No se trata, por tanto, de elegir entre estabilidad y movilidad. Se trata más bien de ofrecer una base suficientemente estable y previsible, que no exija un control activo permanente, dejando a la vez al usuario la posibilidad física de realizar sus propios microajustes sin restricción mecánica excesiva. Esta exigencia conecta así directamente las propiedades mecánicas descritas en los capítulos 2 y 3 —viscoelasticidad, reparto de las tensiones— con el comportamiento funcional que se busca en un asiento diseñado para acompañar la variabilidad natural del cuerpo en lugar de impedirla.
Para recordar
- Los micromovimientos desplazan las tensiones más que suprimirlas.
- Pueden interrumpir parcialmente una carga continua.
- Mantienen los deslizamientos y modifican las presiones intersticiales.
- La variabilidad útil debe seguir siendo controlada y tolerable.
Preguntas frecuentes
¿Es siempre preferible moverse mucho?
¿Crea un asiento inestable una buena variabilidad?
¿Impiden los micromovimientos todo dolor?
¿Basta siempre un micromovimiento para descargar los tejidos?
Referencias científicas
- Fede C, Angelini A, Stern R, Macchi V, Porzionato A, Ruggieri P, De Caro R, Stecco C. Quantification of hyaluronan in human fasciae: variations with function and anatomical site. J Anat. 2018;233(4):552–556.
- Fung YC. Biomechanics: Mechanical Properties of Living Tissues. Springer; 1993.
- Makhsous M, Lin F, Knaus E, et al. Measuring tissue perfusion during pressure relief maneuvers: insights into preventing pressure ulcers. J Spinal Cord Med. 2007;30(5):497–507.
- Winter DA. Human balance and posture control during standing and walking. Gait Posture. 1995;3(4):193–214.
- Yahia L, Pigeon P, DesRosiers EA. Viscoelastic properties of the human lumbodorsal fascia. J Biomed Eng. 1993;15(5):425–429.
- Lesondak D. Le Fascia. Éditions Ressources Primordiales; 2019.
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Nota: este contenido explica mecanismos generales. No constituye ni un diagnóstico médico ni una recomendación terapéutica.
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