Este artículo forma parte del dosier de expertos « Las fascias ».
Capítulo 1 — Centro de conocimiento Blue Portance¿Qué son las fascias y cómo se organizan?
Resumen — Las fascias forman una familia de tejidos conjuntivos que envuelven, separan, conectan y acompañan las estructuras del cuerpo. Estos tejidos asocian células a una matriz extracelular compuesta sobre todo por fibras, una sustancia fundamental muy hidratada y moléculas de adhesión. Su arquitectura varía según la región: fascia superficial, fascias profundas, envolturas musculares, capas viscerales e interfaces neurovasculares. Esta diversidad les permite asegurar a la vez sostén y movilidad relativa.
1. Una sola palabra para tejidos distintos
El término fascia designó durante mucho tiempo las láminas conjuntivas visibles durante la disección. En particular, su uso actual puede incluir envolturas, tabiques, aponeurosis, retináculos y algunos tejidos de sostén. Es, por tanto, más exacto hablar de las fascias que de una fascia uniforme (Adstrum et al., 2017). Obras de síntesis dirigidas a un público más amplio que el de los anatomistas también han difundido esta evolución. A veces se la designa como « sistema fascial » (Lesondak, 2019). Esta divulgación es útil, sin duda, para dar a conocer la importancia de estos tejidos. Puede, sin embargo, alimentar la imagen de una tela continua y uniforme, que este capítulo pretende precisamente matizar.
Una misma familia, arquitecturas distintas
Así, una capa subcutánea flexible, una aponeurosis densa y una envoltura visceral pertenecen a la misma gran familia. Su composición, su grosor y la orientación de sus fibras difieren, sin embargo. De hecho, la función no puede deducirse únicamente de la denominación « fascia ».
Esta diversidad se refleja directamente en la nomenclatura anatómica. Así, la fascia lata envuelve el muslo y se prolonga lateralmente en la cintilla iliotibial. Esta cintilla, reforzada por fibras densas y paralelas, está organizada para resistir tracciones repetidas a lo largo de un eje preferente. La fascia toracolumbar, en cambio, es una lámina de varias capas. Conecta los músculos profundos del tronco con los músculos superficiales de la espalda y de los miembros, y la orientación de sus fibras cambia de una capa a otra. La fascia plantar, por su parte, forma una banda fibrosa gruesa bajo la bóveda del pie. Su tensión varía con la postura y la carga del pie. Tres estructuras, tres arquitecturas, tres papeles mecánicos distintos, todas designadas con la misma palabra.
2. Una matriz extracelular organizada
Las fascias asocian células —principalmente fibroblastos— a una matriz extracelularMatriz extracelularLa matriz extracelular es la red que rodea las células de un tejido. En las fascias, combina fibras, sobre todo de colágeno, con una sustancia fundamental muy hidratada, y da al tejido sus propiedades mecánicas.Leer la ficha completa : Matriz extracelular que estas sintetizan y remodelan. En particular, esta matriz comprende dos grandes componentes complementarios: fibras y una sustancia fundamental muy hidratada que las rodea. Sus proporciones y su organización varían considerablemente según los tejidos. Una fascia superficial flexible e hidratada no tiene así la misma composición que un tendón o una aponeurosis densa (Lodish et al., 2000).
El colágeno: la armadura mecánica
Las fibras de colágeno constituyen la armadura mecánica de las fascias. Esta proteína es, en efecto, la más abundante del cuerpo humano. Cada cadena α es una cadena polipeptídica formada por una sucesión de aminoácidos. Tres cadenas α se enrollan después en una triple hélice para formar una molécula de colágeno. Estas moléculas se organizan primero en paralelo, con un desfase longitudinal periódico, en microfibrillas. Forman unidades de organización supramolecular, de un diámetro del orden de 4 a 6 nm, sin constituir necesariamente un nivel morfológico autónomo en todas las descripciones (Holmes & Kadler, 2006). Este mismo desfase periódico crea, a la escala de las fibrillas, una alternancia de zonas de separación y de solapamiento. Esta alternancia es el origen de su estriación característica, con un periodo D de unos 67 nm (Gautieri et al., 2011).
Las fibrillas así formadas se agrupan después en fibras y, luego, en haces orientados. Su diámetro varía considerablemente, del orden de 10 a 500 nm según el tejido, la edad y el método de observación (Zhang et al., 2021).
Una arquitectura que explica la resistencia a la tracción
Así, esta arquitectura jerárquica, reforzada por los enlaces entre las moléculas, asegura una resistencia excepcional a la tracción. A escala molecular, algunas estimaciones sitúan la resistencia específica del colágeno en un nivel comparable, o incluso superior, al del acero. Tolera, en efecto, una deformación muy superior (Buehler, 2006). Este rendimiento no se traslada, sin embargo, directamente a una fascia entera. Su comportamiento depende también de su arquitectura y de su hidratación. Estas fibras permiten en particular que los tendones, los ligamentos, las aponeurosis y las fascias profundas soporten fuerzas importantes sin romperse.
Fibras elásticas y sustancia fundamental
Las fibras elásticas permiten el estiramiento y el retorno a la forma inicial. Están formadas sobre todo por elastina y microfibrillas, y son mucho menos numerosas que el colágeno en la mayoría de las fascias. En conjunto, su proporción depende de la localización y de la función del tejido. Aportan una capacidad de deformación reversible, sin explicar por sí solas toda la elasticidad de la fascia.
La sustancia fundamental constituye el medio fluido de la matriz. Amorfa, transparente y de consistencia variable, llena el espacio entre las células y las fibras. Al estar muy hidratada, participa en los intercambios de nutrientes, moléculas de señalización y productos de degradación entre los capilares, la linfa y las células. Constituye así el entorno inmediato de cada célula. Su consistencia puede ser relativamente fluida en un tejido conjuntivo laxo y mucho más firme en un tejido especializado como el cartílago.
Esta sustancia fundamental contiene en particular proteoglicanos, glicosaminoglicanos y ácido hialurónico. Por su gran afinidad por el agua, los proteoglicanos y los glicosaminoglicanos contribuyen a la hidratación de la matriz. Participan también en su consistencia gelatinosa y en su resistencia a las fuerzas de compresión. Por último, el ácido hialurónico participa en la viscosidad y en la lubricación de las interfaces. Favorece así el deslizamiento entre fibras, haces y capas fasciales (Cowman et al., 2015). No se trata de un simple aceite: sus propiedades dependen en particular de su concentración, de su temperatura y de sus interacciones moleculares.
Una matriz conectada a las células
La matriz y las células están conectadas mecánicamente. Receptores de adhesión transmembrana, en particular las integrinas, conectan la matriz extracelular con el citoesqueleto. Participan en la detección de solicitaciones como la tracción, la compresión o el cizallamientoCizallamientoEl cizallamiento corresponde a solicitaciones mecánicas tangenciales, es decir, paralelas a una superficie, que generan tensiones (fuerza por unidad de superficie) y deformaciones en el interior de los tejidos. En los tejidos de apoyo, su asociación con la compresión puede acentuar las deformaciones internas, comprometer la microcirculación y favorecer la isquemia.Leer la ficha completa : Cizallamiento. Aseguran también su conversión en señales bioquímicas: es la mecanotransducciónMecanotransducciónLa mecanotransducción es el proceso mediante el cual una célula convierte una solicitación mecánica, como un estiramiento, una presión o un cizallamiento, en señales bioquímicas que modifican su actividad.Leer la ficha completa : Mecanotransducción (Ingber, 2003). El capítulo 6 detallará su funcionamiento y sus efectos sobre la remodelación tisular.
3. Familias anatómicas complementarias
De hecho, la fascia superficial conecta la piel con los planos profundos y contiene grasa, vasos y nervios. Según la nomenclatura empleada, el término puede designar todo el tejido subcutáneo estratificado o, en sentido más estricto, su capa conjuntiva membranosa profunda (Benjamin, 2009). En ambos casos, no es homogénea en todo su grosor. Comprende clásicamente una capa grasa superficial y una capa más fibrosa y membranosa en profundidad, separadas por un plano de deslizamiento. Esta organización en dos hojas explica por qué algunos gestos (palpación, cirugía, manipulación manual) perciben una resistencia distinta según la profundidad alcanzada.
Por otra parte, las fascias profundas envuelven los músculos, delimitan compartimentos y forman zonas de inserción. Se especializan localmente según las tensiones. Alrededor de las articulaciones, se engrosan en retináculos que mantienen los tendones contra el hueso durante el movimiento. Entre dos músculos o grupos musculares, forman tabiques que separan compartimentos. Estos tabiques sirven además de superficie de anclaje para fibras musculares. Las aponeurosis, por su parte, son estructuras tendinosas anchas y aplanadas, asociadas a algunos músculos. Distribuyen las fuerzas sobre una superficie extensa en lugar de concentrarlas en un punto (Kumka & Bonar, 2012). En el propio músculo, el endomisio, el perimisio y el epimisio organizan las fibras a varias escalas, de la fibra muscular individual al músculo entero.
Tejidos viscerales y entorno neurovascular
Del mismo modo, los tejidos conjuntivos viscerales siguen una lógica comparable, a otra escala. Pliegues conjuntivos (mesos, ligamentos viscerales) mantienen y vascularizan, por ejemplo, los órganos abdominales. Los conectan así con la pared, permitiendo a la vez sus cambios de volumen y su deslizamiento unos contra otros. Permiten también sus desplazamientos ligados a la respiración, a la postura o al llenado digestivo (Stecco, 2015).
Alrededor de los nervios, en una acepción funcional ampliada del sistema fascial, una organización en capas imbricadas sigue el mismo principio. El endoneuro rodea cada fibra nerviosa, el perineuro agrupa haces de fibras y el epineuro envuelve el nervio entero. Esta arquitectura recuerda, a escala del sistema nervioso periférico, la del endomisio, el perimisio y el epimisio en el músculo. En ambos casos, estas envolturas protegen la estructura que rodean y preservan a la vez su movilidad relativa respecto a los tejidos vecinos.
4. Continuidad no significa uniformidad
De hecho, las continuidades anatómicas hacen posibles interacciones mecánicas entre estructuras vecinas. No demuestran que una fuerza local se transmita sin atenuación a todo el cuerpo. La respuesta depende de cinco factores: la geometría, las inserciones, la orientación de las fibras, la actividad muscular y el tiempo. Juntos, determinan si una tensión permanece localizada o se propaga (Huijing, 2003).
Un contraste permite ilustrar estos factores. Así, un tendón, estructura densa de fibras paralelas, transmite eficazmente la fuerza de un músculo al hueso. Su geometría y la orientación de sus fibras están organizadas precisamente para ello. Una continuidad conjuntiva laxa entre dos compartimentos vecinos no tiene, en cambio, esta función. Permite el deslizamiento y el ajuste mutuo, pero no una transmisión eficaz de la tracción. Dos estructuras llamadas « fascia » pueden, por tanto, desempeñar papeles mecánicos opuestos según su arquitectura. Además, la respuesta de un tejido conjuntivo a una solicitación no es ni instantánea ni rígida. Depende también del tiempo durante el que se aplica la fuerza y del estado previo del tejido, lo que aborda el capítulo siguiente.
La tensegridad puede ayudar a representar una estabilidad que surge del equilibrio entre fuerzas de tracción y de compresión. A escala del cuerpo entero, sigue siendo un modelo interpretativo y no una ley suficiente para explicar cada movimiento o cada dolor.
5. Un tejido vivo
En efecto, las fascias contienen células activas, una vascularización variable y terminaciones nerviosas. Se renuevan y se remodelan con la edad, la actividad, la inmovilización, las lesiones y la inflamación. Decir que son vivas no significa que actúen de forma autónoma, sino que sus propiedades dependen de una regulación biológica.
Esta renovación se produce a escala celular. Los fibroblastos no se limitan a fabricar la matriz extracelular de una vez por todas. La degradan y la vuelven a sintetizar de forma continua. Este equilibrio entre síntesis y degradación puede desplazarse en un sentido u otro según las solicitaciones recibidas. Una solicitación mecánica adecuada puede favorecer la renovación y la organización de la matriz a lo largo de las líneas de fuerza. Una inmovilización prolongada provoca, por el contrario, modificaciones de su composición y de su organización. La respuesta depende, no obstante, del tejido, de la intensidad de la carga y de su duración (Chiquet et al., 2009). Es este mismo principio de regulación biológica, más que una propiedad mecánica fija, lo que está en juego aquí. Explica por qué una fascia puede volverse rígida o recuperar flexibilidad según la manera en que se la solicita a lo largo del tiempo.
Por otra parte, la vascularización y la inervación tampoco son uniformes. Algunas fascias están ricamente vascularizadas e inervadas, otras mucho menos, lo que modula localmente su capacidad de cicatrización y su sensibilidad (Stecco, 2015). El capítulo 7, dedicado a la interfaz neurosensorial de las fascias, examinará con más detalle esta inervación fascial, en particular su componente sensorial.
Para recordar
- En resumen, las fascias constituyen una familia de tejidos conjuntivos y no una membrana única.
- Su organización asocia así células a una matriz extracelular formada por fibras y una sustancia fundamental muy hidratada.
- El colágeno forma una armadura muy resistente a la tracción; las fibras elásticas, por su parte, contribuyen a la deformación reversible.
- En cuanto a la sustancia fundamental, contribuye a los intercambios, a la resistencia a la compresión y al deslizamiento entre estructuras.
- Las continuidades anatómicas permiten, por tanto, transmisiones, pero no implican una propagación ilimitada.
Preguntas frecuentes
¿Las fascias rodean solo los músculos?
¿Tienen todas las fascias las mismas propiedades?
¿Forma la fascia una tela única?
¿Qué diferencia hay entre una fascia, un tendón y un ligamento?
Referencias científicas
Referencias citadas (1/2)
- Adstrum S, Hedley G, Schleip R, Stecco C, Yucesoy CA. Defining the fascial system. J Bodyw Mov Ther. 2017;21(1):173–177.
- Benjamin M. The fascia of the limbs and back—a review. J Anat. 2009;214(1):1–18.
- Buehler MJ. Nature designs tough collagen: explaining the nanostructure of collagen fibrils. Proc Natl Acad Sci USA. 2006;103(33):12285–12290.
- Chiquet M, Gelman L, Lutz R, Maier S. From mechanotransduction to extracellular matrix gene expression. Biochim Biophys Acta. 2009;1793:911–920.
- Cowman MK, Lee HG, Schwertfeger KL, McCarthy JB, Turley EA. The content and size of hyaluronan in biological fluids and tissues. Front Immunol. 2015;6:261.
- Gautieri A, Vesentini S, Redaelli A, Buehler MJ. Hierarchical structure and nanomechanics of collagen microfibrils from the atomistic scale up. Nano Lett. 2011;11(2):757–766.
- Holmes DF, Kadler KE. The 10+4 microfibril structure of thin cartilage fibrils. Proc Natl Acad Sci U S A. 2006;103(46):17249–17254.
Referencias citadas (2/2)
- Huijing PA. Muscular force transmission necessitates a multilevel integrative approach. Exerc Sport Sci Rev. 2003;31(4):167–175.
- Ingber DE. Tensegrity I. Cell structure and hierarchical systems biology. J Cell Sci. 2003;116:1157–1173.
- Kumka M, Bonar J. Fascia: a morphological description and classification system. J Can Chiropr Assoc. 2012;56(3):179–191.
- Lesondak D. Le Fascia. Éditions Ressources Primordiales; 2019.
- Lodish H, Berk A, Zipursky SL, et al. Molecular Cell Biology. 4th ed. W. H. Freeman; 2000.
- Stecco C. Functional Atlas of the Human Fascial System. Elsevier; 2015.
- Zhang S, Ju W, Chen X, Zhao Y, Feng L, Yin Z, Chen X. Hierarchical ultrastructure: an overview of what is known about tendons and future perspective for tendon engineering. Bioact Mater. 2021;8:124–139.
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