Este artículo forma parte del dosier de expertos « Comprender el dolor ».
Artículo de referencia — Centro de conocimiento Blue PortanceEl dolor psíquico: un sufrimiento invisible pero muy real
Resumen — El dolor psíquico designa un sufrimiento interior intenso, relacionado en particular con una pérdida, un rechazo, una humillación, la soledad o algunos trastornos psíquicos. No es ni una invención ni una simple debilidad de carácter. Ya en 1835, Joseph Guislain describía un « dolor moral, intelectual o cerebral », la frenalgia. La neurociencia muestra hoy que algunas experiencias de rechazo o de pérdida movilizan redes cerebrales que también participan en la dimensión afectiva del dolor físico. Este solapamiento es, sin embargo, parcial: el dolor físico y el dolor psíquico son dos experiencias distintas, que pueden interactuar sin confundirse.
¿Por qué es importante este artículo?
Cuando una persona sufre una fractura, una quemadura o una inflamación, rara vez se cuestiona la realidad de su dolor. Cuando describe un sufrimiento provocado por un duelo, una separación, una humillación o un rechazo, la reacción a veces es distinta: « es psicológico », « hay que pasar página » o incluso « está todo en tu cabeza ».
Esta oposición se basa en una confusión. Toda experiencia consciente, física o psíquica, implica al cerebro. Decir que un sufrimiento está « en la cabeza » no lo vuelve, por tanto, ni imaginario ni voluntario. La verdadera pregunta no es si existe, sino comprender qué lo distingue de un dolor físico y por qué puede volverse tan intenso.
Un sufrimiento puede ser invisible, no dejar ninguna lesión identificable y, sin embargo, modificar profundamente el sueño, la atención, las emociones, el comportamiento y el funcionamiento del organismo.
Para estudiarlo con rigor, hay que evitar, sin embargo, dos atajos opuestos: reducir el dolor psíquico a una simple metáfora o afirmar que es biológicamente idéntico al dolor físico. La historia clínica y la neurociencia llevan a una posición más matizada.
1. ¿Existe realmente el dolor psíquico?
El dolor psíquico designa una experiencia de sufrimiento interior que puede acompañar una pérdida, una ruptura de vínculos sociales, un sentimiento de abandono, una humillación, una culpa abrumadora, una depresión o algunos estados melancólicos. Afecta sobre todo a la dimensión afectiva y existencial de la experiencia, más que a una señal procedente de un tejido lesionado.
La definición del dolor propuesta por la IASP se refiere a una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada, o similar a la asociada, a una lesión tisular real o potencial (Raja et al., 2020). El dolor psíquico no se confunde, por tanto, automáticamente con el dolor en sentido nociceptivo o clínico estricto. Constituye una forma de sufrimiento cuyos mecanismos afectivos y cerebrales pueden, sin embargo, solaparse en parte con los del dolor físico.
Esta prudencia terminológica no resta nada a la realidad de la experiencia. Un dolor psíquico intenso puede ocupar la conciencia, alterar el sueño, reducir la capacidad de actuar, modificar el apetito, la concentración y las relaciones sociales. En algunos estados depresivos graves, puede convertirse en el elemento central del cuadro clínico.
Una intuición clínica formulada ya en el siglo XIX
Esta intuición no es nueva. Ya en 1835, el médico belga Joseph Guislain describía, en su Traité des phrénopathies, un « dolor moral, intelectual o cerebral » —la frenalgia— que consideraba capaz de constituir, por sí solo, una enfermedad completa (Guislain, 1835; Masson & Muirheid-Delacroix, 2014).
Guislain no reducía, por tanto, esta experiencia a una tristeza ordinaria. Describía un sufrimiento capaz de invadir el pensamiento y de modificar profundamente la relación de la persona consigo misma y con el mundo. La psiquiatría desarrolló después la noción de dolor moral, en particular en la descripción de la melancolía.
Lo que ha cambiado desde el siglo XIX no es, por tanto, la intuición clínica, sino nuestra capacidad para estudiar este sufrimiento. La imagen cerebral permite hoy observar las redes neuronales que se activan en algunas experiencias de rechazo, de pérdida o de exclusión.
Figura 1 — De la frenalgia a la neurociencia. Ya en 1835, Joseph Guislain describía un « dolor moral » (frenalgia). La investigación cerebral moderna ha permitido después poner de manifiesto las redes neuronales implicadas en este sufrimiento.
2. ¿Qué muestra realmente la neurociencia?
A principios de la década de 2000, varios trabajos intentaron averiguar si el sufrimiento provocado por la exclusión social o la ruptura de un vínculo recluta regiones cerebrales parecidas a las del dolor físico.
La exclusión social estudiada con imagen cerebral
En 2003, Eisenberger, Lieberman y Williams utilizaron un juego virtual llamado Cyberball. Los participantes creían intercambiar una pelota con otras dos personas y después eran excluidos progresivamente del juego. Esta exclusión se acompañaba de una mayor actividad en algunas regiones, en particular la corteza cingulada anterior dorsal y la ínsula anterior, asociadas entonces con frecuencia al componente afectivo del dolor (Eisenberger et al., 2003).
Este estudio contribuyó a popularizar la idea de un « sistema común » del dolor físico y del dolor social. Sin embargo, no demostraba que ambas experiencias fueran idénticas: las regiones observadas participan también en la atención, la detección de acontecimientos importantes y el procesamiento de estados emocionales negativos.
El sufrimiento ligado a una ruptura amorosa
En 2011, Kross y sus colaboradores estudiaron a personas que acababan de vivir una ruptura que no habían deseado. Los participantes miraban la fotografía de su antigua pareja y recordaban el rechazo y, en otra condición, recibían un estímulo térmico doloroso. Los autores observaron un solapamiento entre algunas activaciones provocadas por el dolor físico y las relacionadas con la evocación del rechazo amoroso (Kross et al., 2011).
Estos resultados sugieren que algunas formas de sufrimiento social intenso pueden reclutar sistemas implicados en la saliencia, el afecto negativo y algunos componentes del dolor corporal. No bastan, sin embargo, para concluir que el cerebro « no distingue » entre una quemadura y una ruptura.
Mismas regiones no significa misma experiencia
Una región cerebral nunca cumple una sola función. La activación de la ínsula o de la corteza cingulada en dos experiencias distintas no demuestra, por tanto, que compartan un mecanismo idéntico. Los métodos clásicos de imagen identifican grandes zonas de actividad; no describen necesariamente los patrones neuronales más finos dentro de esas zonas.
Las firmas neuronales más finas siguen siendo distintas
En 2014, Woo y sus colaboradores reanalizaron esta cuestión con métodos multivariantes capaces de comparar los patrones de activación cerebral con más precisión. Mostraron que, a pesar de un solapamiento anatómico grosero, el dolor térmico y el rechazo social se basan en representaciones neuronales en parte distintas (Woo et al., 2014).
La conclusión más rigurosa es, por tanto, la siguiente: el dolor físico y el dolor psíquico pueden movilizar algunas redes comunes, en particular las que evalúan la amenaza, la saliencia y la angustia, pero no constituyen una misma experiencia biológica.
Figura 2 — Dolor físico y dolor psíquico: un solapamiento parcial. Algunas regiones cerebrales son comunes a ambas experiencias, pero sus firmas neuronales siguen siendo en parte distintas (Woo et al., 2014).
3. ¿Por qué pueden « doler » una pérdida o un rechazo?
El ser humano depende profundamente de sus vínculos sociales. Desde la infancia, la seguridad, la regulación emocional y una gran parte del aprendizaje se basan en la presencia de los demás. En la edad adulta, la pertenencia a un grupo, las relaciones afectivas y el reconocimiento social siguen desempeñando un papel esencial en el equilibrio psíquico.
Varios autores han propuesto que los sistemas de alarma ligados a la separación o al rechazo se apoyaron en parte, a lo largo de la evolución, en circuitos ya implicados en la protección de la integridad corporal (Eisenberger, 2012). Esta hipótesis podría explicar por qué el lenguaje corriente utiliza espontáneamente expresiones corporales: « el corazón roto », « una herida profunda », « una pena que duele ».
Una hipótesis evolutiva, no una prueba directa
Es plausible que el sufrimiento ligado a la separación haya cumplido una función protectora, al favorecer el mantenimiento de los vínculos sociales. Esta interpretación sigue siendo, sin embargo, una hipótesis explicativa. Los datos de imagen muestran asociaciones funcionales; no permiten por sí solos reconstruir la historia evolutiva de estos mecanismos.
El dolor psíquico puede entenderse así como una señal de alarma que no se refiere a la integridad de un tejido, sino a la integridad afectiva, relacional o existencial de la persona. Como toda señal de alarma, puede estar adaptada a una situación real, volverse desproporcionada o persistir más allá del acontecimiento que la desencadenó.
Figura 3 — ¿Por qué produce el cerebro un dolor psíquico? Una hipótesis muy debatida plantea que constituye un sistema de alarma que favorece la protección y la restauración de los vínculos sociales indispensables para la supervivencia.
4. ¿Puede un sufrimiento psíquico modificar el cuerpo?
Oponer estrictamente el cuerpo y la mente no se corresponde con la realidad biológica. Un sufrimiento psíquico intenso activa el sistema nervioso autónomo, los sistemas hormonales del estrés, la atención, la memoria y el comportamiento. Puede ir acompañado, por tanto, de manifestaciones corporales auténticas.
| Ámbito | Manifestaciones posibles |
|---|---|
| Sueño | Dificultad para conciliar el sueño, despertares nocturnos, sueño no reparador |
| Sistema autónomo | Palpitaciones, opresión, sudoración, tensión corporal, nudo en la garganta |
| Funciones cognitivas | Rumiaciones, dificultades de concentración, toma de decisiones más lenta |
| Comportamientos | Retraimiento social, menor actividad, evitación, pérdida de iniciativa |
| Percepción corporal | Fatiga, tensiones musculares, trastornos digestivos, amplificación de dolores ya presentes |
Estas manifestaciones no demuestran que un sufrimiento psíquico sea la única causa de un síntoma corporal. Muestran, sin embargo, que la experiencia psíquica modifica el estado global del organismo y puede influir en la forma en que se perciben y regulan las señales corporales.
5. ¿Cuándo se vuelve duradero el dolor psíquico?
Un dolor psíquico agudo puede ser una reacción comprensible ante una pérdida o un acontecimiento amenazante. En muchos casos, evoluciona con el tiempo, con el apoyo social y gracias a la capacidad de adaptación de la persona. Puede persistir, sin embargo, en particular cuando el acontecimiento se prolonga, se repite o reactiva experiencias anteriores.
Varios mecanismos pueden contribuir entonces a su mantenimiento: las rumiaciones mantienen la atención centrada en la pérdida; el sueño alterado reduce la capacidad de regulación emocional; el retraimiento social reduce las ocasiones de apoyo y de experiencias positivas; la hipervigilancia aumenta la sensibilidad a los indicios de rechazo o de amenaza.
Lo que puede contribuir a mantener el sufrimiento
- la repetición o la persistencia de la situación amenazante;
- el aislamiento y la pérdida de apoyo social;
- las rumiaciones y la atención constantemente dirigida al acontecimiento;
- la falta de sueño y el agotamiento;
- la evitación progresiva de actividades, lugares o relaciones;
- la coexistencia de una depresión, un trastorno de ansiedad o un trauma psíquico.
Esta evolución no significa que la persona « elija » permanecer en su sufrimiento. Refleja la instauración de bucles biológicos, cognitivos, emocionales y sociales que se refuerzan mutuamente.
Figura 4 — Las consecuencias de un dolor psíquico prolongado. Cuando se prolonga, el sufrimiento psíquico puede alterar progresivamente las funciones cognitivas, emocionales, corporales y sociales.
6. Dolor psíquico, depresión y ansiedad: ¿es lo mismo?
No. El dolor psíquico describe una dimensión vivida del sufrimiento. La depresión y los trastornos de ansiedad son síndromes clínicos más amplios, definidos por varios síntomas, una duración determinada y repercusiones funcionales. Una persona puede sentir un dolor psíquico intenso sin presentar un trastorno depresivo establecido; a la inversa, una depresión puede incluir dolor moral, pérdida de interés, enlentecimiento, fatiga, trastornos del sueño e ideas de desvalorización.
La noción de dolor psíquico no debe servir, por tanto, de etiqueta diagnóstica general. Ayuda sobre todo a reconocer una experiencia a menudo subestimada: la de un sufrimiento interior que puede volverse tan absorbente e incapacitante como un dolor corporal.
Lo que conviene evitar afirmar demasiado rápido
- « Un dolor psíquico es imaginario »: corresponde a una experiencia consciente real, que puede tener repercusiones biológicas y funcionales importantes.
- « Es idéntico a un dolor físico »: ambas experiencias pueden compartir algunas redes, pero sus firmas neuronales y sus causas siguen siendo distintas.
- « Todo sufrimiento emocional es una enfermedad »: la pena, la tristeza o el abatimiento pueden ser reacciones humanas normales ante algunos acontecimientos.
- « Las pruebas cerebrales permiten medir el sufrimiento de una persona »: la imagen informa sobre grupos y mecanismos; no proporciona un termómetro individual del dolor psíquico.
7. ¿Por qué reconocer este dolor cambia nuestra mirada?
Reconocer el dolor psíquico permite, en primer lugar, salir de una oposición estéril entre sufrimiento « real » y sufrimiento « psicológico ». Una experiencia no necesita ser visible en una radiografía para ser auténtica. Debe escucharse, describirse y situarse en su contexto.
Este reconocimiento evita también reducir a la persona a una falta de voluntad. Un sufrimiento prolongado modifica los recursos disponibles para actuar, concentrarse, dormir, trabajar o mantener relaciones. Decirle a alguien que « se esfuerce » no elimina los mecanismos que mantienen ese sufrimiento.
Por último, distinguir sin oponer el dolor físico y el dolor psíquico prepara una comprensión más completa de las situaciones crónicas. Un dolor corporal prolongado puede alterar el sueño, la autonomía, el trabajo y las relaciones; a la inversa, un sufrimiento psíquico puede aumentar la hipervigilancia, reducir las capacidades de modulación y amplificar la percepción de los síntomas corporales.
Figura 5 — Dolor físico y dolor psíquico: dos realidades que interactúan. Ni su origen ni su función son idénticos, pero pueden influirse mutuamente y contribuir a la cronificación del sufrimiento.
Para recordar
- El dolor psíquico es una experiencia real de sufrimiento interior, aunque no haya ninguna lesión corporal visible.
- Ya en 1835, Joseph Guislain describía un « dolor moral, intelectual o cerebral », llamado frenalgia.
- El rechazo social y la ruptura de un vínculo pueden reclutar regiones que también participan en la dimensión afectiva del dolor físico.
- Este solapamiento es solo parcial: el dolor físico y el dolor psíquico tienen representaciones neuronales más finas en parte distintas.
- Un sufrimiento psíquico intenso puede modificar el sueño, la atención, el comportamiento y el estado corporal general.
- El dolor psíquico no es sinónimo de depresión, aunque pueda ser una de sus dimensiones principales.
- Reconocer este sufrimiento permite tomarlo en serio sin confundirlo con un dolor nociceptivoDolor nociceptivoEl dolor nociceptivo es un dolor relacionado con una lesión real o amenazante de un tejido no nervioso, que resulta de la activación de los nociceptores. El sistema somatosensorial funciona entonces con normalidad.Leer la ficha completa : Dolor nociceptivo o neuropático.
Preguntas frecuentes
¿Es imaginario el dolor psíquico?
¿Por qué se habla de dolor « moral »?
¿Procesa el cerebro una ruptura como una herida física?
¿Son sinónimos el dolor psíquico y la depresión?
¿Puede un dolor psíquico agravar un dolor físico?
¿Pueden mantenerse mutuamente el dolor físico y el dolor psíquico?
El siguiente artículo explica cómo un dolor corporal prolongado puede alterar el equilibrio psíquico y cómo, a la inversa, un sufrimiento psíquico puede modificar la percepción y la regulación del dolor.
Leer el artículo siguiente →¿Quiere comprender qué mantiene sus dolores al estar sentado?
El análisis se basa en la localización, las tensiones, la variabilidad mecánica y los mecanismos que pueden combinarse.
Analizar mi situación (en francés) →Nota: este contenido presenta conocimientos generales y no permite establecer un diagnóstico. Un dolor psíquico intenso, persistente o acompañado de ideas suicidas requiere una valoración rápida por un profesional sanitario o un servicio de urgencias.
Referencias científicas
Historia clínica y definición
- Guislain J. Traité sur les phrénopathies ou doctrine nouvelle des maladies mentales. Bruxelles : Établissement encyclographique ; 1835.
- Masson M, Muirheid-Delacroix B. La douleur morale : historique et devenir d’un concept clinique. Annales Médico-Psychologiques. 2014;172(2):139–145.
- Raja SN, Carr DB, Cohen M, et al. The revised International Association for the Study of Pain definition of pain: concepts, challenges, and compromises. Pain. 2020;161(9):1976–1982. doi:10.1097/j.pain.0000000000001939.
Dolor social y neurociencia
- Eisenberger NI, Lieberman MD, Williams KD. Does rejection hurt? An fMRI study of social exclusion. Science. 2003;302(5643):290–292. doi:10.1126/science.1089134.
- Kross E, Berman MG, Mischel W, Smith EE, Wager TD. Social rejection shares somatosensory representations with physical pain. Proceedings of the National Academy of Sciences USA. 2011;108(15):6270–6275. doi:10.1073/pnas.1102693108.
- Woo CW, Koban L, Kross E, et al. Separate neural representations for physical pain and social rejection. Nature Communications. 2014;5:5380. doi:10.1038/ncomms6380.
- Eisenberger NI. The pain of social disconnection: examining the shared neural underpinnings of physical and social pain. Nature Reviews Neuroscience. 2012;13(6):421–434. doi:10.1038/nrn3231.
Lecturas complementarias
- Iannetti GD, Salomons TV, Moayedi M, Mouraux A, Davis KD. Beyond metaphor: contrasting mechanisms of social and physical pain. Trends in Cognitive Sciences. 2013;17(8):371–378.
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